¡ BASTA !

Posted by Xavier Bayle on 16 Mar 2010 | Tagged as: Otros

“Y desde el infierno, desde este infierno, ganaremos la luz”
León-Felipe

¡ BASTA !

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a algunas de las comparecencias que en el Parlament de Catalunya se llevaron a cabo con motivo de la Iniciativa Legislativa Popular iniciada por la Plataforma Prou, con la finalidad de prohibir y seguramente abolir las matanzas de toros en el territorio catalán. Los argumentos de unas y otras ponentes fueron diversos y algunos ciertamente encomiables, según mi punto de vista, quizás un poco cojos en algunas de nuestras participantes y bastante manidas y poco consistentes por las del bando de la no prohibición, eso seguro.

No disimulo que estaba tremendamente interesada en escuchar a las taurófobas, quería saber cómo piensan, qué les ronda el cacumen, y de qué modo “la estupidez piensa” -citando a Cocteau-, con la misma saludable intención que tuve años ha leyendo “Mein Kampf” o “El Príncipe”, o me meto en alguna página taurófoba para echarme a llorar del nivel intelectual del pueblo llano en pleno siglo XXI, reafirmándome así de que la liberación animal es el más directo camino hacia la nuestra. Sin embargo durante las ponencias me surgieron montones de nuevas preguntas y perspectivas, preguntas del tipo de si prohibir es legítimo, por ejemplo. Las detractoras parlamentarias de la prohibición por ese camino de la libertad debieran dejarse de demagogia y recordar que en el Parlament, al igual que en cualquier órgano de poder, prohibir y permitir son asuntos rutinarios y mensuales si no semanales; lo que sucede es que cuando alguien nos prohíbe algo que nos gusta o nos conviene ( no olvidemos que las representantes de los partidos políticos sirven a sus votantes porque son ellas quienes suman números a su cuenta corriente ), entonces echamos mano de cualquier objeto contundente que tengamos a mano para defendernos, bien sean armas blancas o batidoras de tres velocidades, y como es una guerra vale todo.

Servidora de nadie no estuvo en Treblinka en el año 1943, sin embargo delezno lo que allí sucedía, no estuve en Vietnam durante la invasión yanqui, ni he estado en la Maestranza de Sevilla en los días que el ruedo arde de unidad nacional, ni en las calles de Barcelona años 20 cuando las carreteras que trabajaban en los mercados molían a golpes a “sus bestias de tiro” cuando no rendían, ni he estado en las minas de carbón belgas de hace cien años cuando arrancaban a los caballos los ojos antes de bajarlos al lugar donde trabajarían toda la vida hasta que reventaran. No, no he estado en los mercados chinos de gatos desollados, ni he estado en los campos castellanos donde a los galgos cazadores que no cazan se les deja “escribiendo a máquina”, es decir con un alambre alrededor del cuello atado a un árbol y con las patas de delante apenas tocando el suelo, con la intención de que se ahorquen lentamente por agotamiento. No he estado en el patio trasero donde aquel repugnante hijodeputa partió en dos a un gato con una catana, lo grabó en un teléfono móvil y lo distribuyó a sus amigas. No he estado en los autos de fe de Torquemada, ni en la sala de laboratorio afiliada a la Bayer donde un perro expira con la médula espinal expuesta para testar algún rentable ansiolítico, no he estado jamás ni siquiera en las granjas chinas de bilis de oso luna, donde los hígados de estos plantígrados son “ordeñados”, cautivos en diminutas jaulas. No he estado en casa de aquel tipo que destruyó psicológicamente a la mujer que vivía durante años con él hasta que ella desesperada se arrojó por el balcón con su hija, ni he estado en la Roma donde cada año se inmolaba un perro rojo al dios Robigo para que la cosecha de trigo fuera buena, ni he estado en las arenas mexicanas donde dos canes se despedazan para satisfacer los bolsillos a ex-personas que luego acabarán sin duda con la garganta rajada tiradas en cualquier basural por motivo de alguna rencilla derivada de la trata de blancas o de narcóticos ilegales. No he estado en muchos de los lugares del mundo y de la historia donde el horror se ha manifestado por mano humana, consciente y libre, muchas de esas veces popular y democráticamente, ni necesito pertenecer a ninguna cultura que me pretenda convencer de que la mujer sin clítoris es más mujer o que el hombre con automóvil es más hombre. Ciertas curiosidades culturales, incluso siendo repugnantes ( por ejemplo las crucifixiones voluntarias en Filipinas ), puedo comprenderlas sin aceptarlas, otras, simplemente no, porque precisamente es la voluntariedad o no voluntariedad del ser vivo sufriente quien determina lo ético del asunto. Y podéis imaginaros que en las corridas de toros ni el astado ni los caballos están de acuerdo con su papel.

Las corridas de toros provienen del embrionario Renacimiento Europeo, donde a las gentes se les pudrían los dientes de no cepillárselos, y la nobleza hedía por el cuerpo y por los intestinos, donde el pueblo llano vapuleaba a sus hijas y se ejecutaba a las ladronas y colgaban de los pies a las puertas de la ciudad. Las corridas de toros provienen de una época donde las mujeres eran consideradas sacos analfabetos y se despellejaban vivos a los animales “de consumo” porque así se desprendía mejor la piel. Las corridas de toros provienen del rancio abolengo de una cultura que trepanaba vivos perros, gatos, cerdos y todo tipo de bichos para ver cómo latía su corazón en lecciones magistrales de doctoras -los albores de la vivisección-, mientras sus aullidos retumban todavía en los muros de las universidades actuales. Las corridas de toros provienen de una época en que era una alegría un niño nacido en una casa, pero un a carga si nacía niña, y donde hermosísimas muchachas pagaban su disidencia social con acusaciones de brujería y quemas públicas. Las corridas de toros tienen un origen militar, como el agente naranja, el napalm, la bomba atómica, las bombas de racimo, las minas antipersona, las mutilaciones y las torturas, las deformaciones genéticas por uranio enriquecido o las epidermis abrasadas por proyectiles de fósforo blanco. Las corridas de toros proceden de unas horribles épocas que conviene ir superando para no asfixiarnos con nuestros propios vómitos, para que respiremos aire un poco más puro. Abolirlas debería formar parte natural de nuestro avance. De nuestro avance hacia delante, quiero decir.

Pero vivimos tiempo donde se trata de institucionalizar la barbarie, y ahora más que nunca a la víctima le toca comprender a la verduga. Durante las ponencias en el Parlament se habló del amor de la ganadera y la taurófoba por el toro, un amor enfermo porque no se daña lo que se ama, NUNCA. Aunque la Ejpaña angosta siga no comprendiendo esta sencilla ecuación, enumerando una a una el centenar de mujeres muertas por violencia de género en el territorio peninsular y sabiéndose que existen cuatrocientos mil varones que inflingen violencia física o psicológica a sus compañeras o ex-compañeras cada año, con estos números ¿ todavía podemos hablar de un “carácter nacional sano”?. Ejpaña está enferma, por acción y por omisión, por activo y por pasivo, por asesinato y por silencio cómplice. Y sucede lo mismo con las corridas de toros, donde la amante asesina a la figura amada. La sangre exasperada que caracteriza la hispanidad encuentra su claro exponente en los linchamientos públicos, y ahí se universaliza y exporta, por ello se hallaba un placer morboso en las ejecuciones, en las peleas de animales ( humanos y no humanos ), en las guerras y las matanzas, la violencia primitiva expulsando su bilis toma formas diversas, y ahora pretende tomar la forma de decreto ley.

Se habló también de ejercicios de memoria y de olvido, de ecología (de 6,5 millones de hectáreas de dehesa en Ejpaña sólo 600.000 son dedicadas a la cría de toros, ni siquiera un 10 por ciento…), de los tres dolores que padecemos los mamíferos ( el neurológico, el psicológico y el fisiológico ), se habló de los gritos del toro que no eran sino las llamadas de auxilio que todos los animales sociales tenemos. Lo cual presentó un tema importante, al menos en lo que yo pude presenciar: el de la identidad popular, el rito, el rasgo, el carácter, la fiesta… que no es otra cosa que una nueva demagogia, porque en las corridas de toros, como en la matanza del cerdo, un partido de futbol, un concierto de música o una misa son actos de masas donde la natural tendencia grupal a hacer algo en común se ve degenerada sin embargo por el victimario. El calor de la tribu nos pertenece desde el principio de nuestros orígenes, es en eso donde debemos concentrarnos, no en los aditivos que -dicen- la hacen posible. Matar un cerdo no es hermoso, es repugnante, zafio y obsoleto, lo agradable del momento sin duda son las canciones tarareadas, las risas, los tragos de vino, la complicidad de la riqueza común, el gesto solidario… eso sí vale la pena mantenerlo, pero buscando otros métodos donde no pierdan siempre los mismos. Igualmente sucede con las corridas de toros, donde la gente que ama la parafernalia y el escenario aprenda a mantenerlos sin necesidad de ejecutar y torturar a un ser vivo sensitivo, porque entonces, si necesitan matar y torturar a un ser vivo sensitivo, los últimos cuatro mil años de ética no han servido para nada. Y la voluntad individual del derecho a las corridas de toros coarta y anula la voluntad individual de que ello no suceda, ya no por preferencias propias sino por ética, por empatía hacia otro ser vivo. ¿ La libertad de una empieza donde acaba la de las demás ?, eso es mentira, bastaría sólo saber aprender a vivir sin parasitar de las demás.

Aunque si hablamos de lo colectivo hay irremediablemente que hacer concesiones. Los derechos y deberes colectivos priman sobre los derechos y deberes individuales, pero hasta cierto punto porque la frase así en crudo apesta a totalitarismo. Hay que sopesar cada unidad, cada caso, y no establecer patrones absolutos. Los derechos y los deberes se enfocan desde la libertad pero también se basan en premisas esenciales de armonía social.

El paradigma de la situación podría ser este: imaginemos un escenario tremebundo: imaginemos que en pleno Paseo de la Castellana madrileña, en un hipotético estado español donde fuera legal la Pena Capital, se decidiera ejecutar públicamente a diez miembros de la organización ETA. Es un escenario insisto tremendo, pero imaginemos que pudiera suceder, y no es tan teórico dado que he escuchado muchas veces sentencias y escenarios de ese tipo en la gente de la calle, sentencias generadas mayormente por la deficiencia mental de los medios informativos, pues si tuviéramos que ejecutar a todas las personas terroristas del territorio peninsular se iban a quedar vacíos cuarteles, comisarías, despachos de corporaciones, congresos parlamentarios… Bueno pues siguiendo en ese escenario con cadalso sito en plena gran avenida, puedo garantizarles a ustedes que millones de personas irían a ver el espectáculo en vivo, y la prácticamente totalidad de la población española y sin duda extranjera presenciaría por televisión el hecho. Demostrando que la popularidad del castigo no justifica de ningún modo ni el ánimo, ni la intención ni la raigambre de la naturaleza del acto. Lo que está mal está mal, lo quiera una persona dictadora que trate la vida como algo sin valor o los decidan cien millones de dictadoras.

Y si hablamos del alma española, no nos engañemos: huele a coágulo y a grasa frita, como muchas otras culturas, y eso no forma de la naturaleza humana sino de la pésima educación. Hemos sido víctimas de una educación especista injusta y caótica, es horas de que las víctimas protestemos.

Aún quedan comparecencias en el Parlament, aún se debatirán muchos puntos, y aunque el voto de ciertos partidos ya esté tomado sin tener en consideración la autonomía de las parlamentarias, sino la disciplina de partido, todavía estamos a la expectativa de si las políticas de Catalunya serán lo suficientemente valientes como para enfrentarse a la imagen que de sí perciben ante el espejo, y se mirarán como quien salva o como quien condena, como quien admite que queda mucho camino que recorrer en cuanto a ética o como quien ya lo sabe todo. Estamos aguardándolas, señoras. El mundo las contempla.

LAS RAÍCES

Posted by Xavier Bayle on 20 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“A veces me preguntan ¿por qué inviertes todo ese tiempo y dinero para con los animales cuando existe tanta crueldad hacia el hombre, a lo que yo respondo: Estoy trabajando en las raíces.”

George T. Angell

LAS RAÍCES

El medio ambiente social en que buceamos y nadamos muchas activistas, sea la lucha que sea la que hayamos ( o nos haya ) escogido, suele estar frecuentado de gente muy diversa. Concretamente en el que me muevo es abundante en feministas, personas de diferentes modos de amar, anarquistas, personas críticas,… personas abiertas en conjunto, lo cual garantiza una enorme comprensión al respecto de nuestra relación con los animales no humanos. Sin embargo medio ambiente social en que la lucha animalista se involucra, si pretende ser eficaz, debe asumir riesgos y abarcar la sociedad al completo, sin seleccionar. Por ejemplo la calle mismo, en muchas ocasiones.

De manera que estamos sujetas a las consecuencias que conllevan realizar ciertos trabajos de un modo tan aleatorio: el porcentaje de posibilidades de entrar en contacto con la estupidez y con la ignorancia se multiplica por mil. Y es precisamente de eso de lo que debe tratarse la promoción del antiespecismo, en generar debate. Uno de los tres objetivos que todo cambio medular del mundo debe afrontar, el social, junto con el político y el legislativo.

Invariablemente los argumentos en contra de nuestra postura varían, la mayoría son inaceptables o subdesarrollados, pero algunos tienen mucho de debate, por su propia lógica y coherencia. Por ejemplo somos preguntadas por nuestra postura al respecto del aborto, delicada cuestión si hablamos de defender la vida, la vida de los animales, de TODOS los animales. La defensa de la vida debiera abarcar también nuestra especie. Relajada ética posee aquella persona que niega radicalmente la esclavitud de los animales no humanos usados en el circo pero financia la esclavitud de los animales humanos que recolectan bananas, café, cacao o té ( por citar ejemplos famosos ). En la cuestión del aborto hablamos de la voluntad de la mujer contra la ley de la vida, delicada cuestión. Sin embargo escasas humanistas denigran el aborto humano, más bien defenestrado por rancias conservadoras, ultrareligiosas y antropocentristas de toda catadura. Poco humanismo puro hay en la defensa de esa vida. Ese es un tema que no abordaré hasta que no tenga las cosas claras.

Otro argumento armónico es el de que POR QUÉ no nos dedicamos a defender también la vida, la libertad y la dignidad de los animales humanos, que tanta falta hace no sólo en países empobrecidos o sometidos a regímenes más totalitarios que los nuestros (por ejemplo sometidos a nosotras y nuestro estúpido modo de vida ). Y de eso quería escribir.

De todas las lecturas que se han precipitado en mis manos una de las más productivas y que más ha revolucionado mi cerebro y -por extensión coherente- mi vida, es aquella frase maravillosa con la que la admirable Madame de Crayencour cierra la biografía apócrifa y transreal de su imaginario Adriano, en el volumen “Memorias de Adriano”; cuando a su personaje le llega la hora de morir y se musita a sí mismo: “…tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos”. Precisamente esa frase: Con los ojos abiertos, fue la que utilizó Matthieu Galey para escribir en forma biográfica la vida de esta magnifica escritora.

Marguerite Yourcenar ( pseudónimo creado a partir del verdadero apellido de la escritora: Crayencour ), fue una persona excepcional, recomiendo sus obras y sus dichos, como recomiendo la lectura compulsa, desproporcionada e imparcial de Wyslawa Szymborska. Marguerite Yourcenar escribió la Primera Declaración Universal de los Derechos del Animal ( no humano ), cuyos preceptos están lejos de la liberación animal, pero reflejan de un modo abarcable parte sustancial de los avances que en materia ética, al menos sobre papel, les pertenecen a quienes hemos usado como esclavos durante centenas de milenios. Ella habló de la liberación de la mujer como pieza clave para la ética social. Ella era vegetariana desde joven porque “se negaba a digerir agonía”, y ella era bisexual porque tuvo la mente abierta durante toda su vida, como los ojos. Hizo a Adriano entrar en la muerte con los ojos abiertos, pero supo vivir también con los ojos abiertos.

Tener los ojos abiertos también supone riesgos y a la hora de responder a la pregunta de por qué priorizamos la defensa animal no humana a la humana entran en juego otros factores. Yo no puedo hablar de la lucha animalista global desde el punto de vista de la calidad de quienes la practican porque seguramente analizar en profundidad el movimiento animalista mundial le haría mucho daño. Como cada análisis, revela amargos resultados desde el punto de vista individual. La calidad de sus componentes no es mejor en algunas ocasiones que la de las de cualquier otra persona. Sin embargo su labor de algún modo, dignifica. Como tampoco podemos ser ecuánimes a la hora de decir que Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta eran buenas personas, porque tenían muchos turbios asuntos que purgar, sin embargo la sociedad acepta sus buenas obras como método de redención. El resto de los adminículos y heroicidades son atributos otorgados por las comerciantes de heroínas.

El animal humano, con toda su miseria, con todo su sufrimiento, con toda su mezquindad, gloria, indiferencia, límites e infinitos posee un relativo control de sus elecciones. Ya por nacer adquiere un precio; en muchas ocasiones ese precio es muy bajo, lastimosamente bajo, pero en cualquier caso es infinitamente más alto que el de los animales que mata a lo largo de su vida. Un ser humano nacido es un ser vivo potencialmente Leonardo da Vinci o potencialmente Hitler, la suerte o la astucia harán el resto. En cambio un animal no humano nacido es comida que camina, piel comerciable, hígados grasos, entretenimiento, objeto de análisis, reacciones químicas a determinadas sustancias, tejidos, fuerza muscular… en suma: algo que sirve para algo. Cosa. La diferencia entre las cosas y los animales es sencillamente que las cosas no sienten.

La lucha por las personas tiene riesgos que las personas que luchamos por ellas ( también, en menor grado ), asumimos también. Defendemos al pueblo palestino porque es masacrado en la venganza judía, pero sin embargo palestinas y judías son asesinas, sexistas, clasistas y racistas, como cualquier otra persona en el mundo. Defendemos al pueblo tibetano, vendido al dinero chino y al patriarcado letal. Defendemos a las pobres y sólo porque lo son, no por su calidad ética, sino como objetos legales incluidos en el círculo de compasión social adquirido por el hecho de nacer. No obstante el individuo humano tiene opciones, puede modificar su vida, aceptar o no ciertas condiciones, resignarse o seguir peleando por conseguir lo que desea. Tiene en definitiva armas que los animales no poseen, por ejemplo un precio -bastante más alto como he dicho que el de las treinta millones de especies animales restantes-, por ejemplo avaricia, por ejemplo maldad, ambición, falta de escrúpulos, inteligencia, necedad… los cuales son adminículos esenciales a la hora de someter a otros seres humanos a su propio interés y evidentemente al animal no humano. La misión del animal humano es alcanzar su gloria personal, sobrevivir y, en la medida de lo posible, engordar su egocentrismo.
La misión del animal no humano por el contrario es simple: servir al animal humano, y sus atributos serán utilizados por el animal humano en su contra: su ingenuidad le hará ser esclavo, su pacifismo le hará ser esclavo, su agresividad le hará ser esclavo, su belleza física le hará ser esclavo, su sabor le hará ser esclavo, su morfología le hará ser esclavo. La pregunta básica que un animal humano se formula ante un animal no humano es “¿ para qué sirve esto ?”.

La dimensión de la barbarie que llamamos especismo es con creces muy superior a la suma de todos los latrocinios cometidos en el nombre del racismo, de toda la universalidad del dolor cometido en el nombre del sexismo y de la masacre llevada a cabo por motivos clasistas durante toda la historia del ser humano, simplemente porque la historia no recoge la historia de los animales no humanos que obligamos a vivir entre nosotras. Ahora los medios recogen el dolor de las víctimas del terremoto de Haití, pero poco o nada se menciona de los millones de animales no humanos muertos en él. Simplemente no existen o existen como complemento, como método de explotación, como negocio.

Entonces la lucha por lo evidente, por las ignoradas, por las relegadas, por las auténticas y puras víctimas de todos los desastres ( los animales no humanos y las niñas humanas ), se convierte un deber ético prioritario para comprender el avance de la civilización. El crecimiento de nuestra civilización debiera poseer un movimiento de rotación alrededor de la defensa de las niñas humanas ( por lo que de inocente tienen, aunque se trate de inocencia provisional ), y un movimiento de traslación alrededor de la defensa del animal no humano.

¿Por qué?.

Cada vez más las científicas y las analistas de todos los campos del conocimiento humano convergen en que los orígenes de la violencia humana enuclean del desprecio, de la consideración de que algo no es digno de pertenecer a nuestro círculo de compasión, a partir del desarrollo de ese pensamiento segregacionista aplicamos la fuerza física o la exclusión para relegar o someter al sujeto del desprecio.

La tecnología militar en materia de armamento sistemáticamente somete a test sus innovaciones. Para testar un nuevo lanzagranadas por ejemplo se podría utilizar un muro, y posteriormente medir la amplitud el impacto, la profundidad, la dispersión de los materiales diseminados, etc. No obstante las armas están diseñadas por el sistema, las productoras y el mismo ejército para asesinar, no tienen ningún otro fin, ni disuasorio, ni pacificador, ni tecnológico: el ejército sirve para asesinar, es su misión. Sobretodo asesinar personas. Entonces lo lógico es testar los productos diseñados para asesinar personas… con personas. Eso lo vemos en las guerras ( inventadas para gastar ese material y para mantener nuestro culo en el asiento de las elegidas del “primer mundo” ), pero esas mismas armas, anteriormente, han sido testadas con animales no humanos ( cerdos acribillados, vacas explotadas… ), de modo que podemos decir que el origen de las matanzas militares tiene una directa relación con matanzas de animales no humanos.

El noventa y cinco por ciento de las asesinas en serie norteamericanas ( según un estudio del FBI ), cometieron durante su infancia o adolescencia tortura, vejaciones, violaciones y/o asesinatos contra animales no humanos. De modo que podemos decir que existe una relación directa entre la crueldad cometida contra los animales no humanos como paso previo a la cometida contra los animales humanos.

TODO tipo de sufrimiento y ataques contra los seres humanos han sido anteriormente cometidos -de un modo u otro pero con idéntico patrón-, contra animales no humanos.

Nuestra violencia y fascismo naturales proceden de la falta del respeto básico a la vida, la dignidad y la libertad, por eso la lucha animalista y la lucha por los derechos humanos como fin debiera tener el respeto por cualquier otra especie, por la nuestra propia y por nosotras mismas. El amor y la empatía son medios, el respeto es el fin. Aunque se use el factor emocional ( cincuenta por ciento de nuestra razón social de ser ), está condicionado a la sensibilidad de cada persona, en cambio los avances en materia legal, ética y social se aplican a toda la tribu humana, sin excepciones.

Sólo cuidando las raíces del entendimiento y de la igualdad será posible esperar frutos sanos, hojas oxigenadas y flores interesantes. El asunto es sencillo pero nuestra especie, extraviada en revolcarse en su complejidad, tiene dificultades para comprender la sencillez.

IDIOTINCRASIA

Posted by Xavier Bayle on 17 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“No hay que cargar nuestros pensamientos con el peso de nuestros zapatos”
André Bretón

IDIOTINCRASIA

La tradición es un acto de transmisión generacional llevado a cabo en defensa de la voluntad de un pueblo. Como tradicional fuera quemar brujas, vender hijas a maridos pudientes, ejecutar a las personas que la conveniencia del poder estimaba delincuentes, el canibalismo de numerosas tribus africanas y americanas, y tradicional fuera seccionar el clítoris de las muchachas, circuncidar sin anestesia a los niños, la esclavitud, matar a trabajar a niñas de dos, tres, cinco años… Sí, la tradición forma parte de la voluntad de los pueblos. Pero toda tradición está sujeta a la evolución social, al lógicamente creciente precio de la vida.

Las mujeres tradicionalmente han estado al servicio de los machos ( ningún verdadero hombre aceptaría el servicio de una mujer ), la sociedad considera a las mujeres seres ornamentales con enorme capacidad para la frivolidad y tendencia a la liviandad en asuntos importantes, es por ello que tradicionalmente han sido relegadas al plano social pasivo, ridiculizando su intención de involucrarse en las tomas de decisiones, muchas de las que lo han conseguido ha sido gracias a su camaleonización en el sistema patriarcal, es decir, a base de venderse a la estructura básica, con pequeños cambios de forma y apariencia. Nada nuclear. Algunas lograron ser mujeres -en muy contadas ocasiones-, dentro del panorama social. Al precio de seguir siendo ridiculizadas incomprensiblemente o transexualizándose interiormente al pensamiento machista. Y es que algunas tradiciones emergen del mismísimo ADN del género humano; código genético no tan inamovible que no pueda ser modificado por la propia evolución del cuerpo civilizatorio, valga apostillar.

Sin embargo, y por honrar a la verdad, la mujer y la hembra humana siguen siendo tradicionalmente relegadas al campo doméstico, a las tareas de recolección, producción de nuevas esclavas y en general como ornamentos semióticamente más o menos apreciadas.

Yendo más allá muchos son los ejemplos de otras tradiciones que nos resultan chocantes hoy en día, tras la primera década del siglo XXI, citaré por ilustrar que algunas tribus amazónicas todavía practican antropofagia y toman a la fuerza esclavas de otras tribus, otras tribus primitivas africanas toman los restos descompuestos de familiares muertos para adquirir sus valores, y asimismo algunas tribus europeas y sudamericanas torturan hasta la muerte animales para divertirse. La etnología internacional encuentra un excitante campo de estudio en esta última tradición denominada “corrida de toros”, y en sus adláteres o primitivas partidarias, curioso tema de estudio porque no es perseguido por la justicia como debiera y porque forman parte de un incomprensible residuo que, permítanme la grosería, es como ese trocito de excremento que al defecar no acaba de caer y parece empecinarse en no desprenderse jamás del cuerpo social en beneficio de la propia salud de dicho cuerpo, que desecha al hacer de vientre todos los males sociales.

La ley, forma más o menos real y más o menos eficaz de filtrar y reconducir la podredumbre ética de la especia humana, no tolera de ninguna manera que a un gato se le seccione la columna vertebral con un destornillador o se le parta en dos con una espada, aunque a la hora de aplicar castigos a las culpables se relaje un poco, pese a lo lógico que debiera ser castigar, o al menos establecer mecanismo preventivos para que ello jamás ocurriera, resultando bastante lógicas ambas posturas. Sin embargo “ley y lógica” son tan disímiles como “ley y ética”, cuya tremenda cautela siempre selecciona los avances en función del bienestar económico y no de la mejora moral del ser humano. Afirman estudios etológicos y psicológicos verosímiles que cuanto más asciende el mono por el árbol más se le ve el culo.

La ley, como la política, tienden a comprender los antagonismos como parte de su propia idiosincrasia, de esta manera términos diametralmente opuestos pueden resultar fonéticamente similares: economía y economía de mercado, bienes y bienes de consumo, defensa y Ministerio de Defensa, son ejemplos acerca de este comentario. En materia política simplemente cualquier objetivo que no ofrezca beneficio económico directo y a corto plazo queda descartado de su esfera. De ello desprendemos que los avances en materia política son seguros, sí, pero deben estar muy revestidos de economía para alcanzarse.

Hace poco un muchacho murió en Colombia, haciendo el tontaina delante de un toro en una de las tradiciones tribales que mencionaba. No fue víctima de su estupidez, ni de su poca cautela, ni siquiera de la tauromafia ( mucha más letal que el mismo Cartel de Medellín ), sino de la ley y la voluntad política que permiten que sigan cometiéndose infracciones de este tipo. Ley y política que permiten que siga cometiéndose la tauromafia, bajo el pretexto público de la tradición.

El pretexto público de la tradición, añado, sólo es una coartada. No es preciso ser socióloga ni antropóloga para apercibirse del irrisorio nivel intelectual-emocional de las participantes en espectáculos de tortura animal ( incluiremos aquí circos con animales, mucho cine, carreras de caballos o perros, peleas de perros, insectos o gallos, artes plásticas, …), tratándose de auténticas cenutrias, muchas de ellas casi analfabetas, que pretenden defender el concepto cultural de la “fiesta”. ¡¡ Cultural !!. Tanto como los fusilamientos, la tortura carcelaria estadounidense o el ajusticiamiento público de ciertos países árabes… El valor cultural de ciertas tradiciones son como la fiabilidad que ofrece una mentira que pretenda ser verdad a base de ser repetida en todas partes y por toda la gente.

El muchacho muerto en Colombia fue noticia, pero no el toro que murió después con el cuerpo lleno de metales, porque la vida del animal humano es mucho más valiosa que la del animal no humano. Un hombre que viole y degüelle a su hija, mediante esa curiosa plenipotencialidad antropocéntrica, resultaría mucho más valioso que el último tigre siberiano. Es por ello y por otras muchas cosas que no la acepto de ninguna manera. Por suerte no fue un torero quien murió, porque esa otra estúpida pero más justa muerte hubiera servido para cebar el obeso mito de la lucha entre el toro y el ser humano con el que se onanizan las infradotadas amantes de los toros muertos.

La tauromafia y sus secuaces no caben en la ética del siglo en que estamos plenamente inmersas, como no caben las pedófilas, las snipers, las dictadoras, las violadoras o cualquier otro trocito de excremento que el ano social deba expeler con urgencia. No se trata de ofender ni de evitar ser ofendida, sino de aliviarse de los desechos evidentes. Pura fisiología ética.

Algún día nietas de otras mirarán fotos de la matanza de millones de toros para divertimento esquizofrénico de nuestra era y suspirarán aliviadas de no haber vivido este infierno que llamamos estado de bienestar, y tendrán lástima de los asesinados y de nosotras. Tendrán todavía camino que seguir porque la lucha animalista, como la lucha por la dignidad y la libertad y la vida del ser humano, debe sortear numerosos escollos interpuestos por el propio ser humano, y sortear asimismo el más voluminoso escollo que interrumpe el camino ético de nuestra especie: el propio ser humano.

DERECHO ANIMAL Y LIBERACIÓN ANIMAL

Posted by Xavier Bayle on 13 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“El ser humano es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”.
Proverbio latino
DERECHO ANIMAL Y LIBERACIÓN ANIMAL

La gente es imbécil. Me gusta repetir esta frase porque, además de ser una solemne verdad, adquirió con los años el consenso popular y la unanimidad de la sociología, la filosofía y la antropología. Todas pensamos unánimemente que las demás son imbéciles. Y lo peor de todo es que la inmensa mayoría tienen razón: la gente es imbécil.

La gente llora cuando el estado decide construir la siguiente central nuclear en el jardín de su casa, pero no renuncian a iluminar el mentado jardín por las noches, ni les parece mal que la iluminación urbana navideña se instale en noviembre y se recoja en enero “porque es tan bonita…”, malgastando millones de kilowatios en alumbrar de colores su coeficiente 67 respecto a la comprensión de la belleza, que bien pudiera ser la mera oscuridad nocturna, sin ir más lejos.

La gente protesta el calentamiento global pero sigue engullendo vacas, responsables del 28 por ciento de emisiones de metano a la atmósfera, tomando su automóvil para hacer los cinco kilómetros que les separan de sus atolladeros laborales, y comprándose el siguiente aparato eléctrico que va muy bien para hacer no se sabe qué nueva labor inútil.

La gente son esa masa, que Serrat cantaba que iba muy bien para hacer la ola, pero que se sentía parte de ella, como parte era quizás de esas hordas que apuntillan toros en los circunferenciales auschwitzes de la península libérrima, México o Colombia, como gente fue lo que antaño se juntaba para linchar esclavas rebeldes en el sur de Estados Unidos.

La gente son como ángeles hechos de mierda, aparentan angelicalmente hermosos, pero apestan por los sobacos éticos, por la entrepierna moral, por el esfínter cultural, ahí la gente demuestra su valía, en lugar de hacerlo en las leyes, en los comportamientos, en los ejemplos, en las educaciones, en la calidad de las relaciones…

Tiempo ha renuncié a mezclarme con ese estúpido carnaval de carne que se llama gente, porque he aprendido a escoger personas, el trabajo es duro, pero recompensa. Las personas, en ese grupo sí me gusta identificarme. Cosas del ego, será.
Más que burla o ironía -y decididamente no odio-, mis palabras proceden de la tristeza lúcida, como lo fueron ( salvando muchísimos niveles estilísticos ), las de Pessoa o Ciorán. Un sano y lógico escepticismo en abierta confrontación con el postizo optimismo de la gente, decididamente enamorada de los mendrugos de pan y de las tardes de circo, aceptando la sociedad como nos la vomitan, en lugar de cómo debiera ser, un lugar digno, a la altura de nuestras posibilidades.

¿ De qué modo tan ferozmente paulatino hemos permitido esto de perder nuestras posibilidades ?. Esa imbecilidad colectiva, cómplice y letal, donde salvar el propio culo y sentirse mejor comparada con las demás ha constituido nuestra más ambiciosa meta… Denigramos los comportamientos “poco civilizados” de treinta millones de especies ( es un cálculo muy discutible, sobretodo sabiendo que nuestro capricho vital extingue 17.000 cada año ), pero nada que envidiar tienen los nuestros, nos embadurnamos las axilas para disimular nuestro propio y necesario olor y nos sentimos mejor haciendo caca en los inodoros, o andando por la acera y respetando el fascismo del tráfico rodado, pero no nos altera el sueño el holocausto animal que tritura a cien billones de seres vivos inútilmente, o la muerte imprescindible para nuestro estado de bienestar de 35 o 40 mil niñas, que se mueren de asco y de hambre, de asco y de sed, de asco y de racismo, de asco y de asco mientras estamos trabajando para nutrir el sistema enfermo y desproporcionado que fomenta esa masacre.

El sistema se halla a la altura de la imbecilidad de la gente, las guerras fraticidas y las torturas selectivas son meros aprendices de horror, no resisten las comparaciones de lo que somos capaces todavía de hacer. Nuestras probabilidades en materia de destrucción son mucho más infinitas que las de creación. Especialmente cuando no puede datar el instante histórico en que el poder se divorció del pueblo al que representaba precisamente porque la misma esencia de esa fuerza decisoria, sujeta a errores e individualismos, invalida una correlación equitativa entre ambas partes. Jamás hubo divorcio entre pueblo y poder porque jamás hubo matrimonio, sólo usufructo.

Definitivamente decidida, añoro la vida de hace un siglo y la ética de dentro de cien años… Y el silencio cauto se parece mucho a los sonidos puros bajo el hielo del mar antártico.

Pero una es, como reza el proverbio latino, esclava de sus palabras, y a la hora de aplicar las estrategias para lograr que el ser humano se sobreviva a sí mismo, la cosa no es tan fácil. Y lo que piensa una y lo que hace deben ser coherentes, excepto cuando se pretende lograr un fin más amplio que involucre a otras personas. Estoy hablando de liberación y de derechos.
Ya aclaro de antemano que soy personalmente partidaria de las estrategias de ALF, ELF o “Earth First”, no obstante al margen de qué debiera ser lo ideal, lo decente y lo individualmente correcto, no debemos olvidar que luchamos para cambiar el mundo, no para masturbarnos, ni para sentirnos mejores en nuestra isla de perfección ética, sobretodo porque todas tenemos mucho que callar y muchas contradicciones e incoherencias en la mochila.

Per yendo al tema, y siendo claramente consciente de este escenario social de imbecilidad, se plantea una cuestión: ¿ liberación animal o derechos para los animales ?. Estas dos facciones que parecen disimilarse e incluso parecer incompatibles no son cosas tan distintas. Ahora lo veremos.

Por una parte los animales no humanos no precisan ser captados por nuestra perspectiva del orden ( un perro sufre cuando debe comer o pasear cuando la cuidadora lo desea o lo estima conveniente ), de la moral ( gatos que copulan con sus madres ), de la ética ( el robo de comida, el sacrificio de las crías… ), o de la tecnología ( para qué querría una codorniz un teléfono móvil… ). Sin embargo obligados como son a convivir entre nosotras justo es concederles algún tipo de bienestar no supeditado a la catadura moral de quien de ellos se encarga, dado que viendo la situación de los animales no humano en el mundo es un error confiar en nuestra especie. Ese bienestar jurídico no representa un fin en sí mismo, claro, sino una mera reforma de nuestra esfera afectiva para incluirlos en un nivel superior de respeto, por encima de las plantas, por ejemplo. Y por supuesto de las cosas.

Nuestro concepto del derecho es deficiente, torpe, lento e injusto, pero al ser orgánico avanza y se adapta a las nuevas éticas imperantes, emergentes y lógicas. No hablo ahora de aquellas reguladas por el interés económico –véase paramilitares corporaciones farmacéuticas, transnacionales ,etc…-, sino de las sugeridas por la evolución racional-emocional de nuestra especie. El derecho, pues avanza y mejora, y aún así los animales estarán siempre por encima de nuestros inferiores problemas, generados a raíz de nuestro divorcio con la Naturaleza, en estas premisas cualquier derecho adjudicado a favor de los animales no humanos será claramente paternalista e insuficiente… pero derecho al fin y al cabo, susceptible de ser defendido ante las personas en un tribunal, susceptible de imponer castigos y de obtener mejoras.

Sin embargo resulta imposible vislumbrar un mundo libre (al menos con nuestra miopía) para los varios millones de especies animales que en el planeta vivimos, sin disponer de algún mecanismo de control y protección que les libere de ciertas aprendizas de persona que juegan con la doble moral, mienten, usan de su derecho a disponer de la propiedad, o simplemente matan por placer -que es legal-. El ser humano no va a soltar al resto de los animales de un modo gratuito, al menos a corto plazo; dado que somos una especie obsesivamente posesiva, por ello nuestra especie es alérgica a la palabra libertad. Incapaz de liberarse a sí misma, oprime todo cuanto toca.

En todo caso estoy convencida de que los derechos para los animales son un paso imprescindible para la liberación animal, lo queramos o no, nos guste o no. Y no hablo de soluciones en el ámbito en que nos movemos, sino de respuestas ante un patrón que se repite en toda la historia de nuestra especie, en cualquier época. No debemos perder la noción de que el reto antiespecista es el más difícil con que las activistas de todo el mundo se han visto obligadas a pelear, la ética se enfrenta a un poderosísimo enemigo: la fuerza bruta en manos de las imbéciles, la historia no escrita de la especie, una evolución de millones de años basada en la inercia de la ignorancia y la maldad. Nada menos que la maldad. Por ello derecho animal converge tarde o temprano hacia liberación animal del mismo modo que algo más atrás, en el mismo camino, se suma el reformismo, el bienestarismo, el mascotismo y todas las variantes de compromiso animalista.

Existe libertad legal para poner fin a la vida, la legalidad del asesinato y la legalidad del suicidio, pero ¿ existe legitimidad ética para ello ?. No se trata solamente de una decisión personal sino de si podemos o no disponer de la vida, se trata de si es ético o no desafiar a la naturaleza. ¿ Tenemos derecho ético a quebrar los planes de la naturaleza ?.

El ser humano se crea su propio medio ambiente moral, es cierto, del mismo modo que lo crea para las demás. La línea que segrega una decisión personal de una colectiva es muy a menudo fascista porque se extralimita, toma decisiones ajenas ( no importa ahora si con buenas o malas intenciones ). Alguien por ejemplo que comete suicidio puede cometer también asesinato, y viceversa, dado que su dimensionalidad sobre el valor de la vida se ha extraviado. Yo siempre había tenido las cosas muy claras con el aborto, la decisión de la mujer en los procesos corporales propios es plenipotencial, sobretodo en los márgenes de una sociedad patriarcal global en que sobrevivimos, donde suelen ser los machos o las hembras “machificadas” las que rigen las voluntades individuales y colectivas, sin embargo últimamente me ataca la duda de si es éticamente reprobable matar. Sigo apoyando el aborto de modo regulado, pero me remuerde la conciencia. Conciencia la cual curiosamente no me remuerde cuando decido intervenir en la naturaleza esterilizándome o esterilizando animales no humanos, simplemente porque no es una acción de intervención directa sino una consecuencia, una reacción lógica al desequilibrio que la enferma comunidad humana ha provocado con una explosión demográfica desquiciada del propio ser humano y de los animales no humanos que tiene dominados a sus expensas (y “para sus despensas”, añado como juego literario).

Escuchamos aludir al dolor de las lechugas al ser cortada por una vegetariana para validar el dolor de una vaca al ser cortada por una carnívora ( aunque no sean ellas directamente quienes lo hagan, lo hacen sin duda ), es ilícito y descontextualizante, claramente encaminado a la perversión como suele suceder con quienes defienden el omnivorismo ( y homonivorismo muy a menudo ).

Otorgar nuestros miserables derechos teóricos a los animales no humanos, con ser patético y antropocentrista ( entendiendo así que la tierra nos pertenece, cuando todas somos extranjeras y turistas de la vida… ), convergerá un día en la liberación animal, es absolutamente innegable. Los animales no humanos, y algunos humanos, no podemos esperar, y nos mordemos los puños del corazón y de la conciencia ante esta revulsiva mortal espera, y hablamos de liberación animal como en un soliloquio ante un auditorio que aparenta vacío en ocasiones, por eso hay que avanzar, aunque sea a este ritmo.

Hay que acabar con este eclipse de sol y de luna, con esta presa de Itoiz que todo arruina, es urgente acabar con ello en la medida en que la sociedad esté en condiciones de asumirlo y aprehenderlo como parte de su evolución, no como estado de shock, porque para mal y para bien a veces ninguna sociedad se adapta a cambios bruscos fácilmente. Hay que ser radical en el pensamiento y en el acto individual, y adaptarse al ritmo de lo colectivo si pretendemos cambios estables y definitivos de la tribu humana, sin concesiones de fondo. Convirtiéndonos en las imprescindibles de Bertold Brecht. Caminando incansablemente, continuando la evolución. Citando a Anselmi: “hasta la liberación, siempre”.

NADA, ES DECIR: TODO

Posted by Xavier Bayle on 11 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“Si no fuera Alejandro, quisiera ser Diógenes”
Alejandro Magno

NADA, ES DECIR: TODO

Yo aprendo de los árboles como de los cachalotes o del krill, pero existe un ser que, especial y últimamente me enseña en exclusiva el supremo mecanismo de la vida. La gatita Cassandra.

Rescatamos a Cassandra de la calle, con una gripe gatuna afectada en ambos globos oculares que la dejaron invidente a perpetuidad. Digo “rescatamos de la calle” porque una felina invidente viviendo en ámbitos humanos es, prácticamente seguro, cadáver, cosa que no ocurre con el resto de gatas en libertad, de las que solamente habría que controlar su población, con objeto de que no suceda como con cualquier animal que vive cerca del ser humano (o dominado por él): que quiebra los equilibrios y alcanza unos números insostenibles en baremos naturales. Pero Cassandra vino a casa porque es lo que tienen los animales ciegos y que debieran ver, que no se las apañan.

La diferencia sustancial que advierto entre las personas invidentes y esta gata invidente ( pudiera acaso decir lo mismo de todas las gatas invidentes ), estriba en que la persona invariablemente cae en fases de depresiones, cólera, impotencia, ira, desconsuelo, odio, tristeza…y todas aquellas reacciones habituales en nuestra especie que se originan en el hecho de no poder valerse por sí mismas, en su minusvalía respecto a la autodeterminación, en el orgullo malherido, etc…. Cassandra, contra pronóstico, es el puro deseo de la vida, es absolutamente feliz con una bola de papel que ruede, reclama a sus amigas para jugar y sólo se queja cuando ellas se cansan de jugar y se suben a lugares altos y de difícil acceso a los cuales la pequeña Cassandra no puede acceder, lamentándose tiernamente del juego concluso. Ella sólo necesita agua fresca, pienso, algún que otro capricho gastronómico y cariño y calor de tanto en tanto, el resto de las necesidades se las regala el Universo.

Aprender a vivir es una alta práctica a la medida de las boddhisattva del budismo zen, del anacoretismo hindú o de la santidad cristiana, un arte cuya altitud mística sólo unas pocas personas pueden alcanzar, la mayoría de los seres humanos se revuelcan en su estercolero de esclavitud, lecciones mal aprendidas, terrores infusos, problemas prestados, ambiciones robadas y sueños de saldo. Cassandra goza con su propio ronroneo tranquilizador, su respiración coherente y su más absoluta indiferencia a los índices de cotización de la General Motors.

Pero valga decir que cualquier persona que no sea una absoluta imbécil ignora los índices de cotización de GM, a menos que se trate de observadoras alterglobalistas.

Cassandra nació en la calle, como muchas hijas de animales abandonados. Las mercaderes de mascotas en acuerdo con la prostitución gubernamental, permiten la venta y compra ilimitada de animales, estando los albergues de todo el mundo saturados. La frase “cancelación provisional de permisos de comercio de animales domésticos en beneficio del alivio de la situación de los “albergues” locales”, parece una infamia, puesto que nada debe detener el comercio de vidas. Cassandra fue el fruto del error humano, pero se aferra a la vida y la disfruta como si no tuviera nada más que la vida.

Porque, como todos los seres vivos, no tenemos nada más que la vida. Nuestra es nuestra vida y nuestra nuestra muerte, el resto son ridículos adminículos.

Precisamente aquí tenemos en qué consiste la sabiduría mística de la gatita Cassandra: en saber que el sentido de la vida es vivir. Y es en este candente punto donde fracasan incluso las místicas humanas, ocupadísimas en encontrar a deidades, estados supremos de ser, iluminaciones y otras bisuterías, cuando el milagro, el verdadero don, la dicha absoluta, la conciencia superior, consiste en despertarse por la mañana y ver el sol, acto del cual se sabe que es un milagro porque es gratuito. Y lo gratuito fue, es y será lo mejor del mundo, lo único que nos es realmente necesario. No haré inventario, pero mencionaré el viento, los besos, el agua, los paisajes no urbanos, el sueño, el amor, el calor, los ríos, la risa, el llanto, la luna, el sol.

Cassandra no ve el sol que las videntes vemos, ve un sol interior, una luz mucho más intensa que la de todas religiones juntas. Y más cálida. Concentrándose en respirar. Porque respirar es muy importante y lo más urgente. Podemos no comer durante meses, podemos no beber durante días, pero ¿cuántos minutos podemos no respirar?. Las pescadoras lo saben bien, las torturadoras también.

El desproporcionado número de abandonos de animales por culpa de las delincuentes que usan de las vidas como de las cosas, sólo es comprensible en la interpretación que tiene la ciudadana media, que compra animales no humanos como método para soportar una soledad mal asumida, para tener a las niñas calladas con el juguetito sin pilas, con el capricho anual de la familia o cualquier otro despropósito fruto del enfermo laboratorio social, psicópata y caprichoso: humano. Escogen animal como quien escoge tal o cual automóvil, según sus prestaciones o el color de ojos o carrocería-pelaje preferidos. Luego están las racistas, que prefieren los animales de raza bajo los mismos argumentos que el Ku-Klux-Klan prefiere a la gente de piel rosada. Pero no me extenderé con las racistas. Sólo un apunte:

Si no fuera porque las mayoría de los cerdos demuestran tener mucha más inteligencia -racional y emocional-, y sentido común que la mayoría de seres humanos, una diría que la racista tiene una mirada porcina. Sin embargo, para referirse a la misma intención, es preferible usar calificativos no especistas, del orden de alelada, ausente. Estúpida o simple, comparadas sin excesos con las máquinas tragaperras o los calendarios de los talleres mecánicos. Cerebros simples sometidos a mensajes televisivos simples. Carne fácil para la línea de montaje.

Pero, y ya entrando en la línea del activismo ¿cómo esperar resultados duraderos de métodos provisionales?. Se debería ser radical hablando del abandono de animales especialmente en España, donde cientos de miles acaban ahorcados, aplastados en las carreteras, reventados a tiros, usados como saco de arena en entrenamiento de perros de pelea, o asesinados en los patéticos albergues que dispone el estado y los otros, los privados, donde TODOS los horrores posibles y los no imaginados aún no han sido destapados de muchos de ellos. Albergues regentadas por analfabetas y semianormales que no saben pronunciar la palabra etología. Oportunistas y delincuentes a los que la ley debiera aplicarse con esmero. Ahí hay que ser radical.

Y cuando digo radical digo radical, digo radícula, digo raíz. La raíz de los problemas es, como he dicho, el descontrol inmenso en materia de producción de mascotas como si de objetos se trataran mientras los albergues siguen abarrotados mortalmente, regidos negligentemente por coleccionistas y gente sin más escrúpulos que los de recibir subvenciones. La raíz de los problemas son las granjas de cría ilegales españolas y centroeuropeas, la relajación subdesarrollada y delictiva de los cuerpos de (in)seguridad al respecto de la aplicación de las parcas leyes existentes al respecto, la indiferencia de los poderes, ocupados en ponerle tiritas a la gangrena mutilante del sistema neoliberal y la crisis financiera. Mientras todos esos rotos sigan tratándose como descosidos malgastaremos muchísima energía en tratar de detener la hemorragia anual del problema inmenso del abandono animal en España, donde el precio de la vida de las personas no guarda ninguna relación con el precio de la vida animal no humana y donde amantes de las animales se los comen con dos carrillos y lucen sus imbéciles camisetas en quatricomía voceando amor a los perros y los gatos y punto, porque en esas dos especies se acaban los animales según su algo miope punto de vista.

España, donde se consumen 143 kilos de carroña anualmente por española media y donde las granjas intensivas contaminan los acuíferos subterráneos de toda la península para celebrar el sacrosanto San jamón serrano y las longanizas, está muy lejos de amar a los animales, y mucho más lejos de respetarlos.

La ley promulga que debemos tratar a todos los seres humanos por igual… con todas las excepciones que incluso la ley reseña de puro lógicas; aunque se trate por igual a Osama que a Obama -siendo ambas personas terroristas-, y no se trate por igual a una torera famosa que a una vagabunda infectada de sarna, cuando la segunda tiene más probabilidades estadísticas de ser mejor persona que la primera. La segregación existe, sí, pero difieren los motivos. Por eso a un perro se le acaricia la nuca y a una vaca se le secciona, es la misma irracional marginación heredada, cultural, propia de la sociedad que nos dejaron construida. Por mi parte y puestas a escoger, me quedo con el perro, la vaca y la vagabunda. Y a Obama, a Osama y a la torerita, que les den mucho y mal.

La gatita Cassandra no leerá estas palabras, ni las entenderá si se las leo. Ella percibe otros sonidos más lúcidos, otros olores más sugerentes, otra dimensión espectacular de cuanto nos rodea. Mucho más amplia y esencial que la nuestra. La gatita Cassandra no se cuestiona el acierto o el error de nuestra percepción del Universo, sabe más: lo vive.

Y para acabar, ante la eterna cuestión de nuestra lectura del Universo, de cómo lo percibimos, surge como respuesta una lógica segunda pregunta más inquietante: vale, pero, ¿cómo nos percibe a nosotras el Universo?

DIOSES Y PERROS

Posted by Xavier Bayle on 07 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“El primer beso no se da con la boca sino con los ojos”
O.K. Bernhardt

DIOSES Y PERROS

Existen dos inventos en la historia del ser humano sin los cuales ni el curso ni la idiosincrasia de la sociedad hubieran sido lo que son, estoy refiriéndome a dos creaciones humanas clave a la hora de dimensionar el universo desde el punto de vista de nuestra especie: dios y el perro.

Dios y el perro son seres míticos hechos a nuestra medida, no existen en una naturaleza abarcable de las cosas. El ser humano extrajo a dios de su caja de miedos y flaquezas para responder a veces con violencia a veces con piedad a los vaivenes de su naturaleza desequilibrada que no aceptaba las leyes de la Naturaleza, justificando de un modo curiosamente megalómano -y extremadamente parcial-, su existencia en el universo. El perro no obstante fue algo más físico y rastrero, pues fue arrancado del lobo original para darle un rostro animal a la humanidad, para fingirla ser mejor de lo que era, dado que resulta innegable la participación del perro como puente entre el mono que pretendemos abandonar y el humano racional ( demasiado robotizado para mi gusto ), al que estamos por llegar. Una de las múltiples infamias que nuestra especie comete con el perro consiste en hacer tantos tipos de perro como de personas, hay modelos gamas, modalidades, formas, colores… las razas de perros son espejos de los tipos humanos. Por eso tenemos chihuahuas, caniches, rotweillers, canelos, dogos, bull-terrieres, salchicha, setters, y tantas y tantas otras ilustraciones de caracteres humanos que el perro representa sin su consentimiento.

El perro indudablemente, nos sufre siendo. Sin embargo para llegar a los valores educativos, de fidelidad, de amor absoluto, de apego, de coordinación y cooperación, etc. que tienen estos animales, al ser humano le queda mucho por recorrer, o simplemente sucede que los dejo atrás cuando dejo atrás al animal que fuimos antes de ser lo que ahora somos. Sea lo que sea que seamos.
En éste ámbito los cementerios para animales no humanos son tan perversos como los cementerios para los animales humanos, donde las muertas ocupan mas lugar que los vivas, santificando la muerte de un modo enfermizo y robándole espacios a los animales salvajes para imponer nuestra gloria mortal.

Cuando en los tiempos actuales, con todas sus digresiones y renuncias, iluminaciones y escepticismos, conciencias y desacuerdos, una no puede eludir el aluvión de tendencias y hechos científicos que apuntan al ser humano como un ser inferior, el humanismo agoniza estrangulado por el antropocentrismo. Antropocentrismo evidente, nítidamente identificable porque sale en televisión, viste pieles o cueros y uniforme de camuflaje, se botoxiza las cejas y canta ante masivos coliseos letras insultantes, pretendiendo mantener como estandarte esa parte mala de la infancia ( la que ignora, la que es cruel, la que es caprichosa y llorona ), para defenestrar la buena que nos habla de la inocencia y de la humildad -en suma, de algún tipo de pureza-. En ese medioambiente social y paleontológico el ser humano carece de opciones colectivas, suspende su labor de individuo para amoldarse al sistema común. Es decir, abandona su voluntad para refugiarse en el calor del grupo, que no es un medio de cooperación sino un usufructo.

Entonces una asocia que ese abandono de la responsabilidad personal ante nuestra propia biografía para entregarse a la corriente común no es muy disímil del efecto producido por la narcodependencia de ciertas personas a sustancias tóxicas de todo tipo, desde el café a la cocaína, el crack, los fármacos, la heroína, el tabaco, la carne, la leche, el pegamento o el hachís, porque todos actúan del mismo modo: anulando la identidad o transmutándola a esferas de invalidación de nuestro libre albedrío, buscando placeres agresivos con nuestro cuerpo o el de las demás. Es, por resumir, una manera de “ser no siendo”, una libertad ( dicen algunas ), barata y esclava donde, repito, la individua carece de opciones, atosigada por agentes exteriores.

Hay gente que se suicida cortándose las venas dentro de una bañera, las hay que escogen saltar por el balcón y las hay ( una enorme mayoría ), que utilizan el método de adaptarse al sistema.

Y para aquellas que quieren vivir y dejar vivir un camino directo es que existe el veganismo.

El veganismo por ejemplo no es ni mucho menos solamente una dieta, sino que pretende abarcar y eliminar cualquier tipo de despotismo contra las especies animales, por eso una vegana racista tiene poco de vegana, por ejemplo. Sin embargo, más allá del discurso causal el veganismo es ante todo una estrategia, y por encima de los otros objetivos es un ataque económico al sistema financiero que permite el exterminio masivo y unilateral de la especie humana contra el resto de las especies. No debe haber orgullo en el veganismo ni odio ( aunque hayan, muy lamentablemente ), solamente la felicidad de haber despertado de la pesadilla civilizatoria. El veganismo como herramienta de liberación animal no se centra en la búsqueda personal del equilibrio, ni en la renuncia como camino de evolución individual, ni en la bondad que somos capaces ( y debemos ) de alcanzar, sino una vía eficaz para minar los intereses de la máquina industrial genocida que llamamos Cadena Alimentaria Humana.

Cerrando la entrada de dinero se cierran las actividades sociales, únicamente sustentadas en la razón financiera, y donde el evitar ( mediante la renuncia a la demanda ), que los animales no humanos nazcan es ya de por sí liberarlos.

Evidentemente que una, dos o cien personas renuncien a financiar el engranaje dentado del espejismo no va a boicotearlo severamente, puesto que las pérdidas económicas en el mejor de los casos están externalizadas a los propios gobiernos ( o sea, que pagamos las contribuyentes ), y en el peor de los casos resultan irrisorias al grueso de la ganancia de las mercaderes, se llamen Campofrío, Nestlé, Kraft, Danone o cualquier otra corporación transnacional. No obstante mediante el uso y difusión del veganismo se crea una consciencia social, una red y una alternativa real en tiempos de conflictos reales. Donde la crisis ecológica global que afecta a todas y cada una de las criaturas vivas de este planeta necesita -ya hace tiempo-, de respuestas contundentes. Respuestas que suelen llegar demasiado lentamente.

Soy persona que se cuestiona constantemente la legitimidad del ser humano en este planeta, su valor sobre la Tierra, y me cuesta encontrar verdaderas respuestas a esta pregunta tan extraña. Siendo artista la cosa parece bastante sencilla, basta con recurrir a la coartada de imaginación, a la sensibilidad, a la belleza del acto creativo y del producto generado para validar nuestra permanencia terrestre. Sin embargo no hay que perder el norte de lo que resulta importante para el planeta y el equilibrio de los seres que lo habitamos para desestimar de inmediato aquellas razones que nos parecen imponderables. La poesía, las artes plásticas, los fastuosos edificios funerarios, la orfebrería o la moderna tecnología en materias de energías renovables o reciclaje están únicamente diseñadas para satisfacernos o, en el peor de los casos, para tratar de salvar los efectos de nuestra devastador modo de vida, de una irresponsabilidad a la altura de nuestra miseria intelectual y ética. La música es lo único que se ha salvado en mi imaginario de una primera criba, dado que algunos animales reaccionan con estímulos de placer ante las notas musicales, por el contrario el resto de todos nuestros asuntos resultan triviales a la historia del universo y de la vida, o destructivos directamente para el medio ambiente y la garantía de supervivencia, incluso de nuestra especie.

El ser humano es un milagro ( desvestidle el sentido religioso ), una excepción de la naturaleza, supremacía la cual la ciencia no puede explicar de modo coherente sino sólo con argumentos antropocentristas. El ser humano nace y muere desnudo, tarda demasiado en hacerse adulto e independiente, tiene una infancia larga y frágil, es incapaz de correr para alcanzar una presa ( por eso debe ser agricultor ), enferma con rapidez, es poco resistente en general, tiene poco desarrollados los sentidos y pierde poco a poco la intuición, el instinto de pervivencia. En el medio natural, desasistido de sociedad, el ser humano tiene pocas probabilidades de sobrevivir, es realmente difícil que el animal humano prospere y realmente sobrecogedor que lo haya hecho. ¿ A qué se debe ?, ¿ es nuestra inteligencia realmente la causa de nuestra soberanía ?, ¿ somos más astutas ?, ¿ más valientes ?, ¿ más creativas ?… No, simplemente el ser humano conoce y acondiciona el mal. El ser humano es perverso y carece completamente de escrúpulos. La única forma de civilización y concepto ético que posee el ser humano ha sido gracias a miles de años de formación, porque en realidad el ser humano es un residuo incompleto, una especie menor, una degeneración del primate, deificado únicamente ante sus propios ojos. En la Naturaleza -y contra ella-, el ser humano es poco probable. No es su inteligencia el arma evolutiva, sino su capacidad de mentir, engañar y exterminar.

Es por ello que no solamente se debe entender la lucha por la cabeza, es decir por los argumentos intelectuales, porque viene a ser como comenzar a construir una casa por el tejado, sencillamente se viene abajo, o es preciso un numero ilógico de estructuras adyacentes para lograr que se mantenga. La lucha animalista, como un cuerpo humano, debe comenzar por los pies y las piernas, por las razones ecológicas y la ley de la tierra, después pasar por el estómago ( veganismo ) a la hora de aplicar el antiespecismo, luego por el corazón, las razones emocionales y por último, comprender todo este entramado de situaciones y argumentos y establecer reglas y bases intelectuales para dimensionar qué es lo que hemos hecho y por qué.

¿ Ecologista y carnívora ?: de ningún modo. No se trata de hipocresía únicamente, sino de comulgar con una influencia real si realmente pretendemos cambiar las cosas, y aplicar soluciones a la altura del problema, sin infantilismos ni contradicciones. Hay tres veces más animales “de consumo” que personas, 153 millones de animales mueren cada día y treinta mil hectáreas de selva tropical son destruidas cada día para alimentar las insaciables gulas del mundo. La extinción del planeta no es ya sólo una frase. Lo estamos consiguiendo.

Ni dioses ni perros van a ayudarnos ante nuestro peligro de extinción porque como ellos es nuestra culpa, hay que ser responsables y acertar. Hay que volver a la tierra, hay que ser un poco inhumanas para sobrevivir, escuchando la voz de la infancia buena que nos dice desde dentro cosas familiares. Cuando los animales no humanos dejen de ser comida que anda y los animales humanos dejen de ser recursos de progreso, descubriremos unánimemente que la tortura destruye a quien la recibe y a quien la causa en igual porcentaje, descubriremos que no es necesario matar para vivir, ni torturar para crecer. Porque vivir y crecer son asuntos simples y naturales y no necesitan violencia, ni sangre vertida, ni vidas atormentadas, porque un día decidimos erradicar la violencia de nuestra sociedad.

Y porque, en resumen, sólo es preciso poner en práctica las teorías.

COMPLEJOS DE CLASE

Posted by Xavier Bayle on 05 Jan 2010 | Tagged as: Otros

“Es como sería este puto mundo
si hubiera que soportar las cosas tal como son”
Juan Gelmán

COMPLEJOS DE CLASE

Cuando era pequeña recogía de la calle botellas de cava y periódicos viejos los cuales vendía al día siguiente para comprarme chucherías y tebeos. En casa éramos seis, un solo sueldo, y no derrochábamos en tonterías, es decir que las cosas esenciales estaban, pero para las superfluas había que hacer esfuerzos, baste decir que hasta mis nueve años no tuvimos televisor, retardo el cual no hallo manera de agradecer pues minimizó los riesgos de estupidización a la que es sometida hoy día la infancia, sin que haya modo legal ni divino de evitar. Comida, como digo, en la infancia de casa no faltaba ( a juzgar por mi volumen entonces más bien diría que sobraba ), más allá de esto predominó siempre esa ley natural que casi todas las especies utilizan para sobrevivir, y que dicta que hay que buscarse el sustento por sí misma, y que hay que aprender a adaptarse a las circunstancias. Años después llego la edad laboral, los sueldos mensuales, las pagas extras, y la situación económica empezó a estropearse: estábamos reglamentándonos al orden social. Todas convinieron en que habíamos progresado. Yo todavía lo dudo, razonablemente además.
Recuerdo con nostalgia aquella época de carencias ( no era pobreza, sino lógica resignación ), que obligaba a seleccionar severamente las necesidades reales de aquellas creadas por el entorno, por la máquina publicitaria o por la sintomatología del cáncer social, dentro del cual la población se revuelca a cuestas con sus paranoias, sus neuras, sus complejos… y los aprehendidos en el día a día. Las corporaciones mercantiles, de todo tipo y catadura, hurgan en los detritos del alma humana para vender sus ungüentos y sus elixires…, las charlatanas vociferan sus mercancías desde las galerías comerciales, ofreciendo zanahorias de plástico a la compradora compulsa y caprichosa.

En estos términos podríamos describir la economía de mercado.

El escenario donde se comete dicha economía está muy especificado: el infantilismo retrógrado de la sociedad, la cual se divierte así con emociones y conceptos artísticos y culturales a la altura de las disminuidas psíquicas y de las personas en período lactante, más que a la de gente adulta, responsable y consciente. Al infantilismo del “YO” y del “MÁS”, se suma la frustración derivada de no poder alcanzar esas dos máximas universales donde el protagonismo personal y la tenencia ( “tener” por encima de “ser/hacer” ), han fascinado con sus primitivos placeres los intereses evolutivos de la comunidad humana. Crearon una esquizofrenia colectiva para que no parezca esquizofrenia.

Pero lo es.

Y es que no es comparable el llanto de una niña sometida a un bombardeo y el de otra niña que extravió su teléfono celular en la discoteca, aunque se parezcan.

De personas hay muchas, pero de tipos de personas, menos. Por lo estruendoso de su minusvalía se distingue a aquellas de las que quiero hablar hoy, aquellas incapaces de alcanzar un reconocimiento social digno a base de inteligencia, bondad, naturalidad, talento o calidad personal, y que por lo general utilizan dones robados. Estoy hablando de la dignidad que tiene la ladrona que roba para acumular, la inteligencia de la cazadora que arrebata seres al paisaje, la bondad y la calidad humana de la compradora de abrigos de pieles, o el talento y la naturalidad de la paramilitar que corta la cabeza de una indígena amazónica para satisfacer su ego y resolver los inconvenientes de la empresa maderera. Se trata de seres frustrados que la sociedad tolera e incluso respeta, siendo sin embargo escoria menor, residuos que la sociedad debe eliminar si pretende avanzar. O en el mejor de los casos, atiborrar de analgésicos y antiansiolíticos para que no sufran su propia estupidez, no hagan daño a nadie y no se autolesionen.

Como he dicho yo no fui pobre, reservo esa palabra para los cientos de millones -si no miles-, de seres humanos que viven con menos de dos dólares al día. No fui pobre, pero carecí de muchas cosas. Ahora que he recuperado sabiamente y por propia voluntad ese estado, me siento mejor. He vencido al fantasma del complejo de clase.

El complejo de clase es algo artificial, una enfermedad social creada alevosa y premeditadamente por las dueñas de la sociedad de consumo y que consiste en hacernos sentir como excrementos si no consumimos. Generalmente esa “clase”, se compra, y las personas “con esa clase” son sólo personas que se venden por más dinero, disímiles en la cantidad pero no en la calidad.

Son gente sorda, por eso no escuchan el apagado burbujeo de la saliva mezclada con moco y sangre de algunos vasos reventados, que mana cuando exhala su último aliento un zorro electrocutado. Todos los músculos del mamífero se tensan y se agarrotan, congelándose finalmente por el hielo del morir. El definitivo hielo de estar muerto, cuya continuidad en forma de abrigo es falsa pues sin vida un zorro no es zorro sino despojo, materia muerta para conciencias muertas, abortos emocionales. Ese sordo burbujeo es un sonido atroz donde los haya, es una profunda sinrazón, perversamente humanitaria por lo que de horrible lleva. Una muerte inútil como todas las infringidas por mano humana. Luego las deposiciones y los orines resultantes de los músculos que no actúan evacuan del cadáver definitivo, y ese zorro maravilla del deseo de vivir, milagro en movimiento, en unos segundos ha sido convertido en nada, en un harapo sin mayor valor que una simple mercancía para las asesinas. La gente “con esa clase”, nunca podría imaginarse qué significa morir con un electrodo PROFUNDAMENTE metido en la vagina o en el ano y otro en las encías y la lengua, segundos antes de sentir el relámpago del dolor postrero.

Por eso compran abrigos de pieles. Masturbando sus imágenes ante el espejo de la ignorancia con que sólo son capaces de verse.

Las pieles no son un producto de vestimenta más, porque no son legítimos ante la ética; y su valía es postiza, apta para miradas muertas, para cuencas vacías. Las de los monstruos.

La sociedad no va a detener la creación de monstruos, porque se mueve gracias a las falsas pasiones, a las frustraciones mencionadas y a los complejos creados a base de miedo a la soledad. Por eso la lucha contra las pieles no va a pasar por convencer a la gentuza que compra pieles, rara vez despiertan y cuando lo hacen lo hacen mal y sienten vergüenza privada, esa vergüenza que no arregla nada. La lucha contra la peletería va a ganarse en los juzgados y en los parlamentos, como muchas otras.

Sólo en Estados Unidos la cría de visones vomita a la atmósfera 1000 toneladas anuales de fósforo. Junto con el nitrato de fósforo son las dos toxinas comúnmente causantes de la contaminación del agua, eso equivale a decir que “su” derecho a vestir pieles envenena nuestra cadena alimentaria, lo que comemos y lo que bebemos. Dióxidos de azufre, metales pesados y numerosas toxinas volátiles ( algunas de ellas cancerígenas como el plomo, la naftalina, el glicol etílico, el cromo o el tolueno ), pasan al aire que respiramos, se posan en la tierra que produce nuestro alimentos y se mezcla con el agua que bebemos.

En 1991 la Agencia NORTEamericana de Protección Medioambiental condenó a su industria peletera nacional con dos coma dos millones de dólares por ecocídio. Ridícula suma que jamás podrá pagar nuestra salud ni el daño provocado, y que la industria pagó sin problema ni trauma, pues el negocio de las pieles arrancadas mueve miles de millones cada año.

Otros datos interesantes que he recogido es que el uso de pieles de animales aumenta el riesgo de cáncer de mama, dada la enorme cantidad de productos químicos ( muchos más de los referidos ), necesarios para detener el proceso de descomposición natural del -en resumen- despojo de carroña con el que se fabrican los abrigos de pieles. Sólo en Finlandia se vierten en el aire mil quinientas toneladas de amoniaco anuales, cuyo olor resulta hediento para las vecinas colindantes a la factoría peletera, además de representar una importante fuente de polución atmosférica para paliar el complejo de clase de enfermas sin escrúpulos.

La producción de pieles naturales necesita 3 veces más energía que la de ropa de origen sintético, si hablamos de animales salvajes robados a la naturaleza, y hasta cuarenta veces más si hablamos de granjas de cría. 69 países ( Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Nicaragua, Panamá y España, si mencionamos los de habla hispana), han prohibido el uso de trampas de cepo para capturar animales salvajes, pero ninguno de ellos ha prohibido la caza de animales para pieles.

Mientras tanto, en al antroposfera de la ineptitud, existe un sonido perverso que no logra penetrar muchos oídos, diseñados para no escuchar. Es el sonido de las cervicales crujidas de una, dos, diez mil chinchillas, es el gorgoteo de las gargantas de las nutrias asfixiándose durante treinta minutos “humanitariamente” exterminadas con monóxido de carbono, es el descorazonador chillido apagado de la marta electrocutada, del castor atrapado ahogándose en el cepo bajo el agua, el sonido del desgajo de la musculatura y del hueso roído del zorro atrapado que se amputó la pata para poder huir y que morirá horas después libre, gangrenado o desangrado, … La ineptitud que les hace solamente escuchar el siseo de los billetes cambiando de mano, el susurro frívolo de la charla cómplice entre la mercader y la acomplejada neurótica dispuesta a pagar un alto precio para curarse lo incurable.

Alto precio que no pagará jamás el que los animales pagan con su vida.

CÍRCULOS DE HISTORIA

Posted by Xavier Bayle on 22 Dec 2009 | Tagged as: Otros

“La civilización del siglo XXI será espiritual o no será”.
André Malraux

CÍRCULOS DE HISTORIA

Hace algunos días Polonia se escandalizó ( todo lo que hoy día saben escandalizarse los países ocupados en venderse al occidente), por el hurto premeditado del famoso letrero de acero que dice “Arbeit Macht Frei” ( El Trabajo os Hará Libres ), superpuesto en la puerta principal del campo de concentración -inactivo de momento-, de Auschwitz ( germanización del pueblecito de Oświęcim ), utilizado desde hace algunos años como museo para intentar recordar a las visitantes qué significó exactamente la ocupación nazi en territorio polaco. Muchas son las películas y otras obras artísticas que reflejaron esa época histórica, muchos los ríos de tinta y muchos los ayes lastimeros derramados al respecto. Tratando de denunciar cómo la jolgoriosa Alemania bailaba valses, oscilando al ritmo de las llamas de los hornos crematorios, y sus sonrientes orgullosas ciudadanas ( no todas, no obstante ), recibían ayudas sociales arrancadas de las mandíbulas de las judías gaseadas, saneando su maltrecha economía, deteriorada debido a su primera pérdida de la Primera Guerra Mundial, por el Tratado de Versalles. O cómo Alemania se recuperaba con el expolio de las personas fusiladas o matadas a trabajar; o cómo sus soldaditas se enjabonaban con la grasa de los cuerpos de las prisioneras, tal y como hoy hace el mundo usando los cadáveres de los animales no humanos.

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Los despojos y guiñapos de animales humanos pasaban a la cadena económica del aparato político-bélico de la orgullosa raza aria, mientras asfaltaban sus relucientes autopistas y llenaban de licores las copas de los jerifaltes nazis, igual que ahora se hace con los dictadores africanos al servicio de occidente, o con el holocausto animal, cuyas dimensiones no tienen precedentes en la historia de esto que llamamos civilización. Porque el atracón de cochinillo tiene la misma base moral que quemar vivas con lanzallamas a las ciudadanas húngaras dentro de sus casas, sólo cambia el recipiente y la legalidad del asunto.

Personalmente no me interesa la limpieza étnica que las europeas por mano de las nazis llevaron a cabo hace setenta años, más que la esfera moral que permitió esa situación, y de eso querría hablar hoy.

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La estructura molecular de esa enfermedad, persiste, mientras persista la anomalía humana. Las ladronas del mencionado letrero metálico eran ( pese a haber sido negado por la policía ), jóvenes neonazis que disfrutaron desafiando con el acto, jóvenes las mismas que pintan con spray svásticas en las lápidas de cementerios judíos ingleses, las mismas que queman vagabundos y matan activistas antifascistas en Rusia ( país extremadamente fascistas y racista ), y son en definitiva las mismas que hace poco tiempo, bajo el nombre de la organización Combat 18 ( el número 18 representa las letras primera y octava del abecedario –AH- debido a que son las iniciales de Adolf Hitler), atacaron con bombas un tren durante el trayecto Moscú-San Petersburgo, matando a 40 personas, con objeto de denunciar la inmigración. Vemos resumidamente que las partes actoras mantienen con énfasis sus intenciones, sólo ha modificado el escenario de la obra, pero nadie ni nada garantiza que no pueda volver a repetirse. Yo incluso estoy convencida de que va a repetirse. El nazismo, señoras y señores, goza de excelente salud.

Al nombre de Nacionalista, es preciso agregarle su apellido: De Mierda, porque todos los nacionalismos, de cualquier tipo, grado o característica, todos esos abstractos amores a un determinado territorio ( que la mayoría incluso no conocen en su totalidad ), no es más que simple prioridad a aquello que les identifica, es decir, amor a lo propio, es decir exagerada autoestima. La nacionalista es una persona ocupada en masturbarse pensando que lo que ella ama es lo mejor, substratando esa virtud en su vínculo personal con ello, no en base a sus valores verdaderos. La nacionalista entonces, es un ente que se ama desproporcionadamente y ese complejo de narciso es una minusvalía psicológica perfectamente diagnosticada en ámbitos científicos. El nacionalismo es una enfermedad que puede ser mortal, especialmente para las demás.

Así como el narcisismo funciona el carnivorismo, la diferencia radica en que el narcisismo suele ser alimentado desde dentro por el contrario al especismo que es educacional. Lo mismo sucede con el racismo, las personas racistas no suelen serlo con las individuas de su propia raza, sino siempre con otras-que-no-son-la-suya. Otro modo de egocentrismo, perfectamente identificable.

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A finales de los años 30 y principios de los 40 del siglo que abandonamos una década atrás acaecieron en el mundo, no sin cierta sorpresa aunque no sin cierta lógica, dos de los sucesos que más han caracterizado nuestra contemporaneidad; por un lado se llevó a cabo la mayor matanza selectiva no disimulada de la historia, llevándose en ella a 17 millones de habitantes de la “Unión” Soviética, a seis millones de pertenecientes de una de las tribus de Sem, y a otros tantos millones de personas caídas en combate o eliminadas por su minusvalía, su color de piel, su ideología política o su opción sexual. Por el otro lado se detonaron dos bombas atómicas en dos ciudades niponas que, si bien concluyeron de inmediato la guerra estadounidense-japonesa, asesinaron a decenas de miles de personas de un modo instantáneo, y dejaron malformaciones físicas durante varias generaciones a las supervivientes de las explosiones.

Hablo en numerosas ocasiones de los hechos sucedidos en aquel determinado momento de la historia sólo por acentuar que esos dos hechos, en las causas que los originaron y en la naturaleza ética de la ciudadana de hace 70 años, lamentablemente siguen intactos. La diferencia es la coyuntura económica.

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De los primeros hechos mencionados el mundo pidió perdón, un perdón necesario, mas que por el reconocimiento del mal cometido que conllevaba, más bien por la suculenta penitencia que se impondría a la comunidad internacional en este respecto, basada en la fundación del Estado de Israel, que setenta años después sigue reprimiendo y asesinando personas en la Franja de Gaza y Cisjordania con la indiferencia y la maestría que caracterizó a las nazis, así como con el silencioso beneplácito de la comunidad internacional. Del segundo hecho se hizo una mención punitiva testimonial, que el viento llevó tan pronto como el rugido de las factorías de producción estadounidense acallaron el rumor de protesta para construir la economía de guerra y los arsenales nucleares, esa estrategia monetaria por la que tan conocida es esta nación. La cual se apuntan a desarrollar muchos otros países en vista de los excelentes resultados en líquido que el sistema proporciona, por no hablar del respeto de la comunidad internacional -basado en el miedo y el servilismo natural-, que suscita a las propietarias el poseer armamento nuclear, sumado a una sensación de poder casi pornográfico, patriarcal en todo momento, e inmerso en los cánones de la competencia que caracteriza al mundo moderno.

El aparato nazi sin embargo, no hizo otra cosa que mostrar ante nuestra especie un espejo que la delataba como quienes somos: una especie menor. En todo caso, tratar la vida, toda ella, a la altura de los minerales fue decisivo a la hora de lanzar las bombas atómicas, el napalm sobre Vietnam, la globalización neoliberal sobre el planeta o el Codex Alimentario contra la Unión europea, el cual obliga a tratar con antibióticos a todos los animales “de consumo”. Esa estrategia consistente en considerar la valía de cada ser vivo en función de su rentabilidad económica. Hemos sabido encontrar por ejemplo el puente/coartada entre los campos de concentración y la industria alimentaria, cerrando los ojos e ignorando complacientes que la liberación animal incluye la nuestra.
Ciertas verdades pueden resultar incómodas pero no por ello dejan de ser verdades.

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El nacionalsocialismo alemán además le demostró a Europa cómo funciona la democracia actual, cómo un país evolucionado puede llegar a evolucionar también en materia de destrucción, las alemanas necesitaban una nación fuerte, dominante, orgullosa. ¿ Demostró su virulencia que las alemanas eran basura ?, claro, lo mismo que las polacas saben serlo, las españolas, las tagalesas o las peruanas, porque esta especie, así en bruto, sin el factor humanismo, desnudas de ética, es escoria y porque jamás alcanzaremos por estos caminos la gracia de la libélula o la suprema divinidad de los alerces.

El matiz abismal que desvincula el hecho de torturar un perro en el jardin de una -disponiendo libremente de los bienes privados que la ley hiperprotege en beneficio de la propietaria-, y torturar al mismo perro en un laboratorio científico, es que lo segundo ha sido minuciosamente registrado y designado como “necesario”. Ser necesario o servir para algo es algo fundamental en la sociedad mercantilista en la que nos movemos, lupanar y espacio de compra y venta donde todo y todas somos mercancía, bien de cambio, sea en forma de mano de obra barata, voluntades baratas, tiempos baratos, conciencias baratas. En lo referente a los animales no humanos decimos que son vidas baratas, donde el nombre de ese objeto con el cual negociar, comerciar, disponer, usar ( crear y destruir en función de nuestras exigencias, caprichos o conveniencias )…, vida, no cuenta, porque será el apellido lo determinante para su legitimidad ante la máquina: barato.

Entonces pues el baremo con el que el ser humano calibra la validez de las cosas, además del mentado factor de asequibilidad económica, es el servilismo que de ellas dispongamos, la eficacia a nuestros propósitos que la cosa en cuestión proporcione. La “cosa” en cuestión a veces toma forma de niña colombiana, de contribuyente danesa, de jarrón de barro, de delfín, de feto taiwanés, de ordenador portátil, de sillón de cuero, y otras veces se trata de una estructura más amplia, un método, un sistema, como pudiera ser la vivisección, la democracia, las matemáticas, los endecasílabos, los misiles nucleares o los nacionalismos. Todo esta sujeto al utilitarismo. En lo referente a la rentabilidad valga recordar que de ella depende en numerosas ocasiones -si no en todas-, la utilidad de las cosas, tanto que en el mundo actual en que nos movemos si algo no es rentable, misteriosamente, deja de ser útil.

Recurramos al ejemplo gráfico. “¿ Para qué sirven los delfines ?”, pregunta la señora del quinto tercera intrigada. Rápidamente echamos mano del internet, buscamos las cifras que avalan la respuesta y pronunciamos la cantidad exacta -con dos decimales si es preciso-, en millones de euros que el comercio de delfines vivos o muertos generan en el mercado global, ya tenemos una brillante respuesta, a la altura de las circunstancias: los delfines sirven para los dividendos. La segunda respuesta podría ser que sirven porque son simpáticos y sociables, con una inteligencia prodigiosa y unos lazos colaborativos similares a los nuestros, porque podemos aprender mucho de ellos o porque su sistema radar es sofisticado y eficaz para quién sabe qué. Probablemente habrá más ventajas añadidas para justificar la existencia de los delfines, pero la única respuesta que no se mencionará para replicar a la curiosa dama del piso quinto es precisamente la única que me satisface, la única y exclusiva respuesta que el universo va a entender: los delfines sirven PARA SER. Señora: los delfines sirven para ser, como nosotras y los ciempies y las hiedras.

Y como los delfines, los ciempiés y las hiedras, así las negras, las judias, las gitanas y las albañiles, todas estamos para ser, y cualquier ideología, tendencia, punto de vista, opinión, palabra o acto dedicada a vulnerar y eliminar esa verdad universal es un atentado directo contra la evolución de nuestra especie. Y cualquier conducta que agreda esas vidas debiera ser considerada delictiva. El nazismo es sólo un ejemplo.

Sí, hay que comparar. Sobretodo ante tan evidentes similitudes, hay que cotejar, analizar y tratar de solventar ( con medidas que no pasen por los mismo métodos ), para que el antropocentrismo no asesine una vez más al humanismo. Para que los actos sustituyan de una vez a las palabras. Auschwitz, Sachenhausen, Mauthausen, Bergen-Belsen,… son ejemplos de la ética de los países ricos, que ni siquiera ocultan que en la actualidad tienen campos de concentración para inmigrantes “ilegales”, tienen campos de refugiados para concentrar las supervivientes de las guerras, o tienen la base militar de Guantánamo. Por ejemplos. El dogma de la fuerza bruta y la represión sigue prevaleciendo de la mano de la razón económica.

56 billones de animales no humanos ( las que en su día fueron indías, gitanas, judías, negras… ), son exterminados para la satisfacer la gula del ser humano, es la misma base megalómana hitleriana. Racismo, avaricia y especismo se dan la mano bajo el mismo espectro ético, y no es exagerado ni impertinente comparar a personas que matan (activa o pasivamente) para comer los cuerpos asesinados y personas que matan para “solucionar” sus paranoias raciales o económicas.

Es la muerte la que determina la palabra “asesinato”, no la individua asesinada y mucho menos el motivo. La palabra asesinato es más amplia de lo que se estila.

Abramos los libros de humanística y filosofía y cerremos los canales de televisión, por mor de algo más cercano a la verdad. En el nombre de la inocencia, presente el envase que presente, por respeto a los aullidos que salieron de las cámaras de gas y de los mataderos de las industrias cárnicas, en el nombre de las ahorcadas, fueran por motivos políticos, por la calidad de sus pieles o por su sabor, en memoria de las víctimas, cualquiera que sea su nacionalidad, raza, sexo, clase social, especie o ideología y religión. Detengamos la matanza, detengamos la inercia de la brutalidad heredada.

No es sólo por “ellas”, ya sabéis, es también por nosotras.

VIVISECCIÓN, EL ARTE DE USAR Y TIRAR

Posted by Xavier Bayle on 22 Dec 2009 | Tagged as: Otros

“Dexado has, Muerte, sin su sol al mundo”.
Cantos. Francesco Petrarca

VIVISECCIÓN, EL ARTE DE USAR Y TIRAR

Para aquellas que catearon en biología un pequeño recordatorio: no existen “los animales” y “nosotras”, sino un animal y otro animal diferente. En la mayoría de los comportamientos y fisiologías somos idénticas, y en una minoría sustancial sin embargo nos diferenciamos.

Nos parecemos por ejemplo en el deseo de la vida, en el instinto de pervivencia, en los ciclos de materia y energía que rigen nuestro ser y nuestro estar de uno u otro modo. Somos similares en nuestra necesidad de nutrirnos para crecer, en nuestro instinto reproductivo, en nuestra tendencia al placer físico y químico, nos parecemos en la expulsión de residuos y toxinas, en el miedo, en la soledad, en el dolor, en la alegría, en las irreprimibles ganas de hacer tonterías, en la intima necesidad de ser aceptadas, en la capacidad de dar y recibir cariño, de hacer cosas sin sentido, nos parecemos en la perentoria urgencia de oxigenar la sangre mediante algún tipo de respiración, nos parecemos en lo ineludible de nutrir materialmente nuestra musculatura. Y en muchas otros aspectos más.

En esas similitudes existen diferencias sustanciales de forma, aunque no de contenido. De forma podría ser que un koala alimentado con manzanas, muere envenenado, y un ser humano alimentado con hojas de eucalipto, muere envenenado, porque las dietas son diferentes dado que los sistemas digestivos funcionan de modos disímiles. De forma podría ser que un pez no respira la proporción de oxígeno que nosotras respiramos, y ambos morimos en medios distintos a aquello para los que fuimos magistralmente proyectadas.

De forma podría ser que la cucaracha, por ejemplo, tolera unos parámetros de radioactividad que a un ser humano lo quemarían literalmente, o le causarían lesiones letales. Entonces, dentro de esos exponentes diferenciales tan notorios, a nadie sensato se le ocurriría extrapolar los análisis y conclusiones arrojados en un cuerpo de cucaracha expuesto a intensa radiación, con las respuestas que da un cuerpo humano en las mismas circunstancias. Y sin embargo se hace. Cretinas diplomadas con licencia para envenenarnos están asesinando a gente en el nombre de la salud, y no estamos hablando de conspiraciones secretas ni organizaciones paraestatales ( que las hay, y no pocas ), sino de corporaciones farmacéuticas y lobbings que nos venden fármacos con el “angelical” propósito de mejorar nuestras expectativas de vida, esas mismas drogas que las yonquis del barrio ( cada una de nuestras vecinas adictas a pastillitas y antibióticos ), compran bajo el santo consejo de las facultativas del Ministerio de Salud, bajo un clima de normalidad que ríete tu de Nagasaki y de los gulags rusos.

Drogas legales, reguladas por los gobiernos -en teoría-, inundan la cadena alimentaria de la ciudadana de a pie. La televisión condena la marihuana, la heroína y la cocaína, por ejemplos, pero permite el genocidio consciente, premeditado, rentable y masivo que supone el consumo de carne, leche, café, alcohol o tabaco, sólo porque se trata de sustancias tóxicas adictivas de baja intensidad.

Sin exageraciones, de acuerdo, pero sin ingenuidad, por favor.

La inmensa mayoría de los productos que nos amenazan desde los supermercados, farmacias, carnicerías, perfumerías o droguerías han sido previamente, total o parcialmente, “testados en animales”. Esa frase que pretende ser un sinónimo de seguridad, lo es precisamente de lo contrario. Es por ello que las vivisectoras huyen de la palabra vivisección como las policías huyen de la palabra tortura. En suma las palabras sólo son palabras, conjunto de fonemas, pero parecen haber trepado a la importancia de los actos en un mundo donde el aspecto cuenta más que el contenido. Vivi (del latín vivus, es decir vivo), sección (del latín sectio, es decir cortar), o sea “cortar en vivo”. Es decir, abrir una carne trémula, rajar un cuerpo que late, exponer cruelmente la interioridad sagrada de los seres vivos. Esto no ofrece demasiado conflicto ético cuando se trata de las plantas, que también segregan savia cuando son rajadas, y también sufren alteraciones de metabolismo en esos traumas, simplemente porque carecen de nervios sensitivos ( al menos por lo que hasta la fecha sabemos de ellas), y en cualquier caso al menos no tan complejos como los de los animales, y entre ellos principalmente los de sangre caliente, específicamente los mamíferos como el perro, el gato, la rata, la presa en una cárcel, el mono u otros usados como material de laboratorio.

“Usados”, retened este término.

Exponer desnudo algo tan íntimo como el cuerpo otorgado para la vida debe y debería ser una decisión personal, así que imaginaos lo personal que debe ser exponer el cerebro o la médula espinal, ser abierta en canal con o sin anestesia… debiera ser una decisión personal muy meditada. Excepto cuando se hace por la fuerza, y se rueda una película snuff con nosotras, se nos viola, se nos opera en vivo sin consentimiento o/y se nos asesina, pero entonces es delito, punible hasta con cadena perpetua. A las vivisectoras, por hacer lo mismo, se les imprime el nombre en revistas del ramo y hasta pueden conseguir premios. Nobeles incluidos, aunque al parecer ello no es tan difícil, que hasta Obama tiene uno. Sí, también Hitler fuer una persona famosa. Mundialmente además.

Leo que Freud no usó animales no humanos para documentar sus teorías, y es conocida como una de las personas más relevantes en el campo de la psicología, título que consiguió gracias a sus puntos de vista tan poco convencionales, lo cual sumó su curiosidad a ese hecho de no usar modelos de animales no humanos para establecer pautas de comportamiento en animales humanos. Somos parecidos pero no tanto; además de poseer una lógica aplastante, eso parece ser algo que la estupidez científica actual no acaba de entender. Y en lo del umbral del dolor y la tortura -en ello SI somos idénticas-, definitivamente las vivisectoras no entienden absolutamente nada.

O quizás lo que ocurre es algo tan sencillo como que las vivisectoras, como ya describí a las taurófobas, son unas prostitutas. Las putas de la ciencia, que venden barata esa palabra para jugar a las carnicerías y fingir que nos salvan la vida. Mentirosas sin escrúpulos, bastardas de la medicina, enanas mengeles de puntillas, comerciantes, mercaderes, traficantes. Todo menos científicas, todo menos eso, creedme.

El mundo de la vivisección mueve miles de millones. Ahí está la ciencia, la de la ambición.

Si eres animal de laboratorio saldrás de las salas aseptizadas en una bolsa de basura, o gracias a la mano infinitamente justa de miembros de algún grupo liberacionista ( pertinentemente denominadas terroristas ), así que mejor no meterse demasiado en la piel de un animal usado para experimentación, el dolor puede ser insoportable incluso cuando sólo se medita sobre ello.

Muchos son los productos que conforman la fórmula de un champú, un detergente, un limpiacristales Algunos de ellos, aislados o en sinergia con otros, resultan abrasivos (por ello se usan para diluir la “suciedad”), y esa es su función principal: abrasar, eliminar, desintegrar. Para ello han sido diseñados. Sin embargo, antes de sus higiénicos fines humanos han estado en los ojos de los conejos.

Los conejos tienen ojos grandes y preciosos, muy sensibles, muy apetecibles para el test draize. Por su naturaleza pacífica es fácil inmovilizar conejos, confían mucho, de cuello para abajo están encajados y un collar rígido les impide cualquier movimiento aparte del de la cabeza, por eso cuando se les ciega poco a poco, MUY MUY dolorosamente, durante semanas, algunos enloquecen de dolor y se agitan convulsamente tratando de escapar de esa lacerante irritación que les convierte los globos oculares en pulpa, y en esas convulsiones se desgajan las cervicales y se desnucan, fastidiando el glorioso experimento de los laboratorios y sus mercaderes de la pseudociencia, escoria con bata blanca que gozan del beneplácito gubernamental, de fondos públicos y privados y de una pereza mental a la altura de las nigromantes de la Edad Media. No en vano la vivisección, el testado con animales, se remonta a esa época, es decir, que el contexto ético que permite usar animales contra su voluntad para cualquier tipo de experimentos, data de aquella época en que se quemaban brujas, se trataban a las mujeres como coños que limpiaban y parían, y las pobres eran un poco más que mierda, pero sólo un poco. Recursos, en el mejor de los casos. Hemos refinado los laboratorios, los hemos esterilizado, pero los horrores permanecen, legales, aceptables, innumerables, y el nivel ético humano acompaña el carácter de ese horror.

Dado que el mundo de los cosméticos genera un importante grueso de los beneficios y usos de las prácticas vivisectoras no puedo eludir una observación personal al respecto: sólo las gentes extremadamente necias intentan suplir la belleza interior con los trucos que existen en el mercado para modificar y “mejorar” la belleza exterior, en la sociedad contemporánea no importa lo que eres sino lo que pareces, en eso consiste cierto aire de modernidad. Pero la persistente caducidad de la forma jamás podrá alcanzar la eterna validez del contenido.

Hace poco le explicaba a una amiga que yo no era exactamente (o al menos solamente), defensora de los animales sino que mi más profunda y acérrima misión en la vida consistía en demostrar todo lo científicamente que pueda, que el ser humano es un animal menor, estúpido, estupidizado e indigno entre las demás especies, muy por debajo del cerdo, de la cucaracha, de la rata o de las chinches del colchón, y que mis energías y esfuerzos vendrán orientadas constantemente en degradar a esa parte de mi especie que goza con su antropocentrismo, y bajarle sus ínfulas, tratando de conseguir que asuma su minusvalía como principio para lograr empezar a ser una especie digna entre las demás. Y es que hay que caerse para aprender a andar.

Volviendo al testado con animales quizás bastaría que las personas decentes no compraran nada que no lleve la etiqueta del conejito libre de crueldad, que se cuidaran y no llegaran a la imbecilidad generalizada de la dependencia a los medicamentos, que firmaran esa campaña que parece que no hace nada pero hace (crear tejido social y conciencia colectiva, para empezar), o que usaran productos naturales y no fumaran el humo que mató a miles de monos y perros, negando las cremas hechas con ojos dañados, los aerosoles que abrasaron pupilas, los champús que hicieron estremecerse de agonía a perros beagle, muriendo de un dolor horroroso, intenso y extremadamente lento y cruel, porque alguna de las empresas que testan con animales no humanos necesitan arrojar en sus resúmenes anuales cifras cada vez más altas para contentar a accionistas y a brokers bursátiles.

Quizás bastaría con ello, quizás, pero también quizás, dentro del mismo proceso ético imparable que está sucediendo en este mismo momento histórico para desterrar de este planeta las corridas de toros o los circos con animales no humanos, los gobiernos de los países que pretendan disimular su corrupción debieran iniciar una seria y definitiva erradicación de las prácticas vivisectoras en los contextos científicos, tanto públicos como privados. Negándole definitivamente cualquier legitimidad y valor a esa gran mentira que llamamos “testado en animales”, que no conduce sino a la manutención del oscurantismo y a la perpetuación de la inseguridad sanitaria. E incluso programar rigurosas auditorías para que esas delincuentes que trafican con nuestra salud, sean vigiladas y enmendadas, si pretenden seguir haciendo negocio en esta sociedad.

Existe una masacre cotidiana si no más numerosa que la de los mataderos, más cruel sin duda. Se esconde detrás de las palabras “dermatológicamente testado”. No es que los conejos desnucados durante el test draize prefieran morir a soportar el dolor, simplemente les empuja la desesperación, como esas personas que saltaban por las ventanas desde las torres gemelas de Nueva York, mientras los edificios se incendiaban gracias a la CIA y al Pentágono. Esa es nuestra sociedad, mirémosla en conjunto y nos solamente lo que nos place de ella. Que algo sea legal no significa que sea ético, y la ética está por encima de la ley, desde siempre y para siempre. Que sea legal no significa que sea inofensivo, y si no, contemos las víctimas anuales directas o indirectas del uso de tabaco y alcohol: millones, muchas de ellas no culpables.

Animales humanos usados para el bien común, animales no humanos usados para el beneficio individual, usados y tirados, como pañuelitos de papel, como objetos caducos. Cosas de usar y tirar, vidas de usar y tirar. Seguimos en el siglo XX.

MATAR LAS COSAS

Posted by Xavier Bayle on 03 Dec 2009 | Tagged as: Otros

“Ya se murió el burro, que acarreaba la vinagre, ya se lo llevó Dios de esta vida miserable”.
Canción popular

MATAR LAS COSAS

Esta mañana he estado en uno de los grandes centros comerciales de la ciudad, un centro gigantesco como una pequeña población no dedicada al medio ambiente, no dedicada al solaz de las personas, no dedicada a la humanización de los espacios, sino una pequeña urbe genuflexada al servicio del consumo. En ella he podido observar carteles donde se anuncia la llegada de Santa Claus ( Papá Noël, San Nicolás ), dadas las fechas navideñas que nos amenazan desde hace un tiempo con sus estupidez estupidizante y sus beneficios para nadie. El famoso gordo del traje ( rojo por cortesía de cocacola ), viene con compañía: un reno. Para hacerlo más atractivo a las niñas Santa Claus lucirá sus barbas junto a un aterrorizado reno, probablemente drogado para que aguante a esa pequeña bestia que es muchas veces una niña para los animales no humanos.

Evidentemente habrá reacción a esta patética muestra de especismo, aunque evidentemente servirá de poco. Los centros comerciales tienen sus métodos. Chantajear niñas es uno.

Luego he entrado en el centro, no entraré en política, aunque la mayoría de sus productos están manchados de sangre y de pobreza, de esclavitud y chantaje, de injusticia y violaciones, de destrucción de microeconomías, de masacres tribales, envenenamientos, de desempleo y abusos laborales, gritos agónicos y brutalidad. Pero no entraré en política.

Por casualidad he llegado a la sección de pescados, la conocida zona blanca, donde en lechos de hielo picado se exhiben cadáveres de seres vivos y carroñas con manojos de perejil en los ojos, despojos arrancados al mar, al río, a la cruenta piscifactoría. Y allí las he encontrado.

En dos enormes piscinas había unas cuantas centenares de carpas vivas, luchando inútilmente por sobrevivir en agua tibia.

La regulación acerca de la carpa en este país está prescrita de tal manera que no se la considera un animal, dado que no posee columna vertebral tal y como se entiende con los mamíferos. Igual que la sociedad ha aceptado que el ser humano es un ser superior y de ningún modo un animal, así la carpa es un ser inferior y no es un animal, sino una cosa, y tiene los mismos derechos que un jarrón o un neumático. La tradición dice que se debe llevar la carpa a casa, meterla en la bañera y matarla el día de Nochebuena, de un martillazo en la nuca, por eso se la compra viva.

Las trabajadoras se afanan en meter los animales en bolsas de plástico, donde acaban de morir, muy muy lentamente en los carros de la compra mientras la entumecida consumidora busca la oferta del día, quizás algún cerebro de rebajas o un corazón en saldo. O quizás mueran en el maletero del coche, o quizás en la misma nevera o la bañera. No hay piedad para los no-animales. Millones de ellos morirán en estas fechas, hasta que gracias al hipotético dios que permite todo esto, se acaben las fiestas y la consumidora vuelva a su ritual indiferencia asesina y a sus compras regulares.

Lo peor de todo ha sido ver las piscinas, claro, porque un cuerpo muerto es un cuerpo muerto, y uno vivo es la vida, el universo, la historia de la materia y de la energía, los posibles, los imposibles y en definitiva el inmenso don de existir. Todo, para quien vive. En esos tanques de agua boqueaban desesperados, con lentos movimientos terminales, los peces. Miraban hacia arriba, como la desesperación les incita, y he podido ver sus miradas. Conozco esas miradas, las tienen las niñas africanas que se mueren de hambre y de enfermedades, las tienen las fotografías del guetto de Warszawa, las tenían las vírgenes acusadas de brujería por la iglesia católica y sus fundamentalistas. He visto esas miradas en partisanas chechenas abiertas por una bomba y muriéndose en el suelo, en muchachas palestinas desangrándose por cometer el pecado de ir a coger agua a un pozo, la he visto en cerdos estabulados, en vacas que lloraban de profunda tristeza oliendo la sangre de sus compañeras en el matadero, en gallinas de producción de huevos, con los dedos cortados para que no se les enganchen en el suelo de las jaulas, es la misma impresión en las pupilas, el mismo desacuerdo y la misma imploración, el mismo no entender por qué.

Ellos no saben que son sabrosas y que con la especia adecuada hacen delicias al paladar, no lo saben como no lo saben las personas asesinadas para el paladar de gourmets sin escrúpulos, que les importan poco la ley y la ética y se comen incluso a sus semejantes ( el primer paso del carnivorismo ), porque en materia de leyes avanzamos pero poseemos la misma ética que hace cien años.

Pero el mundo es precioso y sólo cambia su adjetivo a “jodido mundo” gracias al ser humano, esa especie suicida que adquirió, con el código genético erróneo, la misión de destruir todo antes de morir. Ninguna otra especie hace eso. Quizás es cierto que no somos animales, sino puro excremento.

Las carpas no saben que se acercan las fechas de santificar el nacimiento de un profeta, en el nombre del cual se ha vertido más sangre que en cualquier otra religión, sociedad o cultura. En el nombre del cual se fundó una organización que pactó con Hitler y ofreció el vergonzoso espectáculo de saludar efusivamente con banderitas al Duce Mussolini, una organización terrorista que bendijo las tropas franquistas y nos amenaza ya no con el infierno postmortem sino con el purgatorio en vida, y el más horrendo de los castigos para muchas. Una organización terrorista legal que prohíbe los preservativos propagando el Sida en África, Asia y América, que lapida a las homosexuales y pretende poseer el vientre de todas las mujeres del mundo, una corporación multinacional que se financia con dinero público y con algún que otro milagroso peculio de las corridas de toros, una organización que se extinguirá si todo va bien, como las vivisectores, las pedófilos o las toreras ( muy a menudo pertenecientes a ella ).Una organización convencida de que el creador del universo nos hizo… ¡ a su imagen y semejanza!, de millones de especies sólo en este planeta, dios escogió la nuestra… ¡ qué suerte…!. ¡O qué soberbia la nuestra…!. Si el dios católico existe y el ser humano es su mejor creación, ustedes me disculparán: vaya mierda de dios.

Si existe un cielo, un universe paralelo, una vida superior o algo parecido su imprescindible camino es a través del veganismo. Basado en no comer animales, ni perros ni cerdos, ni gallegas ni croatas, tampoco comer sus partes, ni pelo de andaluza o de mauritana, ni leche de vaca, ni uñas de carpintero o de albañil, ni huevos de gallina, ni mocos de deportista, porque todas y cada una de ellas y ellos lo necesitan y yo, simplemente, no. Nosotras, simplemente, no necesitamos robar y matar. Aunque la gente robe y mate.

Hay que cambiar para ser mejores, la bondad es mucho más que una palabra, como la supervivencia. Las carpas esperan que entendamos esto, y los lechones, y los corderos lechales, y los cerdos y las vacas que morirán o no en estas fechas, depende de ti.

Amar a los animales no es suficiente, hay que respetarlos, el otro nivel.

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